Tu piensas que yo no podre vivir sin ti
Tu piensas no podra sobrevivir
Que nada me queda, si no estas junto a mi
Veras que no es asi
Tu piensas que jamas sere feliz sin ti
Que destruiste al fin mi corazon
Que no voy a descubrir la forma de volver atras
Sin ti, yo se que si
Estribillo:
Ya lo veras
No necesito a nadie mas
Podre resistir
Voy a poder seguir
Lo hare por mi
Sera mi gloria personal
Nadie, ni tu, me la podra quitar
Veras
Acepta la verdad, no llorare por ti
Yo se que asi sera, podre salir
Voy a saltar sin red, y no voy a caer
Sera mejor sin ti
(estribillo)
Veras
(translation:
You think I won t be able to live without you
You think: she won t be able to survive
That I have nothing left if you re not by my side
You ll see, it s not like that
You think I ll never be happy without you
That finally you destroyed my heart
That I won t find my way back
Without you, I know I will
Chorus:
You will see
I don t need anyone else
I will resist
I ll manage to go on
I ll do it for myself
It will be my personal glory
No one, not even you, can take it from me
You ll see
Accept the truth, I will not cry for you
I know it ll be so, I will pull through
I ll jump without a net, and I m not going to fall
It will be better without you
(chorus)
You ll see )
domingo, febrero 13, 2005
martes, febrero 08, 2005
BLACK DAY
Esto lo escribí hace algún tiempo...no es gran cosa (he escrito cosas mejores, creanme)...pero refleja lo q sentía en aquel entonces...(y ahora de vez en cuando también, para q mentir)...
En fin, he decidido subirlo ya q hoy tengo un día negro...
Contame q se siente ser amada,
Contame cómo saben los besos,
Contame a q llaman caricias,
Contame en q consiste un abrazo,
Contame de q se trata el amor,
Contame todo lo q sepas,
sobre aquello q desconozco.
Y yo te contaré de mí...
de mis malditas depresiones,
del vacío q llevo dentro,
de cómo lloro en las noches,
de lo mucho q me jode estar viva
y de cómo me odio a mi misma.
En fin, he decidido subirlo ya q hoy tengo un día negro...
Contame q se siente ser amada,
Contame cómo saben los besos,
Contame a q llaman caricias,
Contame en q consiste un abrazo,
Contame de q se trata el amor,
Contame todo lo q sepas,
sobre aquello q desconozco.
Y yo te contaré de mí...
de mis malditas depresiones,
del vacío q llevo dentro,
de cómo lloro en las noches,
de lo mucho q me jode estar viva
y de cómo me odio a mi misma.
domingo, enero 30, 2005
AUTORECHAZO
Estaba allí desde el primer momento, en la adrenalina que circulaba por las venas de tus padres cuando hacian el amor para concebirte, y después en el fluido que tu madre bombeaba a tu pequeño corazón cuando todavía eras solo un parásito.
Llegué a tí antes de que puedieras hablar, antes aún de que pudieras entender algo de lo que los otros hablaban. Estaba ya, cuando torpemente intentabas tus primeros pasos ante la mirada burlona y divertida de todos.
Cuando estabas desprotegido y expuesto , cuando eras vulnerable y necesitado, aparecí en tu vida de la mano del pensamiento mágico, me acompañaban...., las supersticiones y los conjuros, los fetiches y los amuletos..., las buenas formas, las costumbres y la tradición..., tus maestros, tus hermanos y tus amigos....
Antes de que supieras que yo existía, yo dividí tu alma en un mundo de luz y uno de oscuridad. Un mundo de lo que está bien y otro de lo que no lo está.
Yo te traje tus sentimientos de vergüenza, te mostré todo lo que hay en tí de defectuoso, de feo, de estúpido, de desagradable. Yo te colgué la etiqueta de " diferente ", cuando te dije por primera vez al oído que algo no andaba del todo bien contigo.
Existo desde antes de la conciencia, desde antes de la culpa, desde antes de la moralidad, desde los principios del tiempo, desde que Adán se avergonzó de su cuerpo al notar que andaba desnudo... y lo cubrió ¡¡.
Soy el invitado no querido, el visitante no deseado, y sin embargo soy el primero en llegar y el último en irme. Me he vuelto poderoso con el tiempo, escuchando los consejos de tus padres sobre cómo triunfar en la vida. Observando los preceptos de tu religión, que te dicen que hacer y que no hacer para poder ser aceptado por Dios en su seno.
Sufriendo las bromas crueles de tus compañeros de colegio, cuando se reían de tus dificultades. Soportando las humillaciones de tus superiores. Contemplando tu desgarbada imagen en el espejo y camparándola después con las de los " exitosos" que se muestran en televisión.
Y ahora, por fin, poderoso como soy y por el simple hecho de ser mujer, de ser negro, de ser judío, de ser homosexual, de ser oriental, de ser discapacitado, de ser alto, petiso , o gordo..., puedo transformarte... en un tacho de basura, en escoria, en un chivo expiatorio, en el responsable universal, en un maldito bastardo desechable.
Generaciones y genraciones de hombres y mujeres me apoyan. No puedes liberarte de mí.. La pena que causo es tan insostenible que para soportarme, deberias pasarme a tus hijos, para que ellos me pasen a los suyos, por los siglos de los siglos.
Para ayudarte a ti y a tu descendencia, me disfrazaré de perfeccionismo, de altos ideales, de autocrítica, de patriotismo, de moralidad, de buenas costumbres, de autocontrol.
La pena que te causo es tan intensa que querrás negarme y para eso intentarás esconderme detrás de tus personajes, detrás de las drogas, detrás de tu lucha por el dinero, detrás de tus neurosis, detrás de tu sexualidad indiscriminada. Pero no importa lo que hagas, no importa adonde vayas, yo estaré allí... siempre allí. Porque viajo contigo, día y noche, sin descanso, sin límites.
Yo soy la causa principal de la dependencia, de la posesividad, del esfuerzo, de la inmoralidad, del miedo, de la violencia, del crimen, de la locura. Yo te enseñé el miedo a ser rechazado, y condicioné tu existencia a ese miedo. De mi dependes para seguir siendo esa persona buscada, deseada, aplaudida, gentil, y agradable que hoy muestras a los otros. De mí dependes porque yo soy el baúl en el que escondiste aquellas cosas más desagradables, más ridículas, menos deseables de ti mismo. Gracias a mí, has aprendido a conformarte con lo que la vida te da, porque despues de todo, cualquier cosa que vivas será siempre más de lo que crees que mereces.
¿Has adivinado ?
Soy el sentimiento del rechazo que sientes por ti mismo.
SOY... EL SENTIMIENTO DE RECHAZO QUE SIENTES POR TI MISMO.
Recuerda nuestra historia....
Todo empezó aquel día gris en que dejaste de decir orgulloso:
¡¡ YO SOY ¡¡
y entre avergonzado y temeroso, bajaste la cabeza y cambiaste tus dichos y actitudes por un pensamiento:
YO DEBERIA SER...
Relato extraído de "Recuentos para Demián" (Jorge Bucay)
Llegué a tí antes de que puedieras hablar, antes aún de que pudieras entender algo de lo que los otros hablaban. Estaba ya, cuando torpemente intentabas tus primeros pasos ante la mirada burlona y divertida de todos.
Cuando estabas desprotegido y expuesto , cuando eras vulnerable y necesitado, aparecí en tu vida de la mano del pensamiento mágico, me acompañaban...., las supersticiones y los conjuros, los fetiches y los amuletos..., las buenas formas, las costumbres y la tradición..., tus maestros, tus hermanos y tus amigos....
Antes de que supieras que yo existía, yo dividí tu alma en un mundo de luz y uno de oscuridad. Un mundo de lo que está bien y otro de lo que no lo está.
Yo te traje tus sentimientos de vergüenza, te mostré todo lo que hay en tí de defectuoso, de feo, de estúpido, de desagradable. Yo te colgué la etiqueta de " diferente ", cuando te dije por primera vez al oído que algo no andaba del todo bien contigo.
Existo desde antes de la conciencia, desde antes de la culpa, desde antes de la moralidad, desde los principios del tiempo, desde que Adán se avergonzó de su cuerpo al notar que andaba desnudo... y lo cubrió ¡¡.
Soy el invitado no querido, el visitante no deseado, y sin embargo soy el primero en llegar y el último en irme. Me he vuelto poderoso con el tiempo, escuchando los consejos de tus padres sobre cómo triunfar en la vida. Observando los preceptos de tu religión, que te dicen que hacer y que no hacer para poder ser aceptado por Dios en su seno.
Sufriendo las bromas crueles de tus compañeros de colegio, cuando se reían de tus dificultades. Soportando las humillaciones de tus superiores. Contemplando tu desgarbada imagen en el espejo y camparándola después con las de los " exitosos" que se muestran en televisión.
Y ahora, por fin, poderoso como soy y por el simple hecho de ser mujer, de ser negro, de ser judío, de ser homosexual, de ser oriental, de ser discapacitado, de ser alto, petiso , o gordo..., puedo transformarte... en un tacho de basura, en escoria, en un chivo expiatorio, en el responsable universal, en un maldito bastardo desechable.
Generaciones y genraciones de hombres y mujeres me apoyan. No puedes liberarte de mí.. La pena que causo es tan insostenible que para soportarme, deberias pasarme a tus hijos, para que ellos me pasen a los suyos, por los siglos de los siglos.
Para ayudarte a ti y a tu descendencia, me disfrazaré de perfeccionismo, de altos ideales, de autocrítica, de patriotismo, de moralidad, de buenas costumbres, de autocontrol.
La pena que te causo es tan intensa que querrás negarme y para eso intentarás esconderme detrás de tus personajes, detrás de las drogas, detrás de tu lucha por el dinero, detrás de tus neurosis, detrás de tu sexualidad indiscriminada. Pero no importa lo que hagas, no importa adonde vayas, yo estaré allí... siempre allí. Porque viajo contigo, día y noche, sin descanso, sin límites.
Yo soy la causa principal de la dependencia, de la posesividad, del esfuerzo, de la inmoralidad, del miedo, de la violencia, del crimen, de la locura. Yo te enseñé el miedo a ser rechazado, y condicioné tu existencia a ese miedo. De mi dependes para seguir siendo esa persona buscada, deseada, aplaudida, gentil, y agradable que hoy muestras a los otros. De mí dependes porque yo soy el baúl en el que escondiste aquellas cosas más desagradables, más ridículas, menos deseables de ti mismo. Gracias a mí, has aprendido a conformarte con lo que la vida te da, porque despues de todo, cualquier cosa que vivas será siempre más de lo que crees que mereces.
¿Has adivinado ?
Soy el sentimiento del rechazo que sientes por ti mismo.
SOY... EL SENTIMIENTO DE RECHAZO QUE SIENTES POR TI MISMO.
Recuerda nuestra historia....
Todo empezó aquel día gris en que dejaste de decir orgulloso:
¡¡ YO SOY ¡¡
y entre avergonzado y temeroso, bajaste la cabeza y cambiaste tus dichos y actitudes por un pensamiento:
YO DEBERIA SER...
Relato extraído de "Recuentos para Demián" (Jorge Bucay)
domingo, enero 16, 2005
Welcome To My Life
Artist: Simple Plan
Song: Welcome To My Life
Lyric:
Do you ever feel like breaking down?
Do you ever feel out of place?
Like somehow you just don’t belong
And no one understands you
Do you ever wanna run away?
Do you lock yourself in your room?
With the radio on turned up so loud
That no one hears you screaming
No you don’t know what it’s like
When nothing feels alright
You don’t know what it’s like to be like me
To be hurt
To feel lost
To be left out in the dark
To be kicked
When you’re down
To feel like you’ve been pushed around
To be on the edge of breaking down
And no one’s there to save you
No you don’t know what it’s like
Welcome to my life
Do you wanna be somebody else?
Are you sick of feeling so left out?
Are you desperate to find something more
Before your life is over?
Are you stuck inside a world you hate?
Are you sick of everyone around?
With the big fake smiles and stupid lies
While deep inside you’re bleeding
No you don’t know what it’s like
When nothing feels alright
You don’t know what it’s like to be like me
To be hurt
To feel lost
To be left out in the dark
To be kicked
When you’re down
To feel like you’ve been pushed around
To be on the edge of breaking down
And no one’s there to save you
No you don’t know what it’s like
Welcome to my life
No one ever lied straight to your face
And no one ever stabbed you in the back
You might think I’m happy
But I’m not gonna be ok!
Everybody always gave you what you wanted
You never had to work it was always there
You don’t know what it’s like
What it’s like!
To be hurt
To feel lost
To be left out in the dark
To be kicked
When you’re down
To feel like you’ve been pushed around
To be on the edge of breaking down
And no one’s there to save you
No you don’t know what it’s like (what it's like)
To be hurt
To feel lost
To be left out in the dark
To be kicked
When you’re down
To feel like you’ve been pushed around
To be on the edge of breaking down
And no one’s there to save you
No you don’t know what it’s like
Welcome to my life
Welcome to my life
Welcome to my life
Song: Welcome To My Life
Lyric:
Do you ever feel like breaking down?
Do you ever feel out of place?
Like somehow you just don’t belong
And no one understands you
Do you ever wanna run away?
Do you lock yourself in your room?
With the radio on turned up so loud
That no one hears you screaming
No you don’t know what it’s like
When nothing feels alright
You don’t know what it’s like to be like me
To be hurt
To feel lost
To be left out in the dark
To be kicked
When you’re down
To feel like you’ve been pushed around
To be on the edge of breaking down
And no one’s there to save you
No you don’t know what it’s like
Welcome to my life
Do you wanna be somebody else?
Are you sick of feeling so left out?
Are you desperate to find something more
Before your life is over?
Are you stuck inside a world you hate?
Are you sick of everyone around?
With the big fake smiles and stupid lies
While deep inside you’re bleeding
No you don’t know what it’s like
When nothing feels alright
You don’t know what it’s like to be like me
To be hurt
To feel lost
To be left out in the dark
To be kicked
When you’re down
To feel like you’ve been pushed around
To be on the edge of breaking down
And no one’s there to save you
No you don’t know what it’s like
Welcome to my life
No one ever lied straight to your face
And no one ever stabbed you in the back
You might think I’m happy
But I’m not gonna be ok!
Everybody always gave you what you wanted
You never had to work it was always there
You don’t know what it’s like
What it’s like!
To be hurt
To feel lost
To be left out in the dark
To be kicked
When you’re down
To feel like you’ve been pushed around
To be on the edge of breaking down
And no one’s there to save you
No you don’t know what it’s like (what it's like)
To be hurt
To feel lost
To be left out in the dark
To be kicked
When you’re down
To feel like you’ve been pushed around
To be on the edge of breaking down
And no one’s there to save you
No you don’t know what it’s like
Welcome to my life
Welcome to my life
Welcome to my life
domingo, diciembre 26, 2004
Negra Navidad (25-12-2004)
Como no podía ser de otra manera, estoy deprimida. Sí, estoy deprimida pese a ser hoy un día festivo. En sí, odio las fiestas, en general, pero este es uno de los pocos períodos del año que no detesto. No me pregunten por que, porque no sabría que responderles. El ver las casas decoradas con chucherías navideñas me levanta un poco el ánimo, quizá sea porque me recuerda aquellos pocos momentos de felicidad que acaecieron en mi vida, más precisamente en mi niñez, cuando festejábamos la noche buena con la ilusión de que Santa Claus nos trajera en su trineo toneladas de regalos.
De todas formas, tengo que admitir que estas fiestas no fueron malas, aunque tampoco tuvieron nada diferente a las de años anteriores. Digamos que fueron sólo una reunión familiar más. Sin embargo, la sensación de vacío vuelve a invadir mi alma, como lo hace en cualquier época del año. Ella no se toma franco, no conoce los feriados. Siempre está allí presente, para mi desgracia. Como diría Fiks, “no hay un día en donde no sienta ese escalofrío nervioso, esa angustia que no puede exteriorizarse, esa pesadez que todo lo convierte en negro (...) ojalá fuese algo externo a mí lo que me produce este dolor constante y esta melancolía que supera en demasía cualquier dolor físico. No obstante, ambos sabemos que siempre vivimos de esta manera, "No es algo que viene y se va, un estímulo de afuera, o una pérdida que a uno lo tira abajo...es una perenne sensación de culpa, de asco, de hastío, de parálisis emocional”. Al igual que él, “siempre siento que todo es vano, que todo me pesa demasiado, y querría tirarme en la cama y no levantarme jamás”.
Aun así, hay más de una cosa que nos diferencia, Fiks es admirado por muchos, es deseado por el sexo opuesto, sabe como ejercer su influencia entre las personas, y pese a todo siente el hastío de vivir. Yo también lo siento, pero no tengo ni la cuarta parte de todo lo que él tiene. A mí nadie me admira, nadie me desea, y soy incapaz de influenciar a nadie. De todas formas, quiero dejar en claro que no intento con esto justificar mi situación, ni pretendo culparlo a él por sentirse así, ya que entiendo que este maldito sentimiento es inevitable.
De todas formas, tengo que admitir que estas fiestas no fueron malas, aunque tampoco tuvieron nada diferente a las de años anteriores. Digamos que fueron sólo una reunión familiar más. Sin embargo, la sensación de vacío vuelve a invadir mi alma, como lo hace en cualquier época del año. Ella no se toma franco, no conoce los feriados. Siempre está allí presente, para mi desgracia. Como diría Fiks, “no hay un día en donde no sienta ese escalofrío nervioso, esa angustia que no puede exteriorizarse, esa pesadez que todo lo convierte en negro (...) ojalá fuese algo externo a mí lo que me produce este dolor constante y esta melancolía que supera en demasía cualquier dolor físico. No obstante, ambos sabemos que siempre vivimos de esta manera, "No es algo que viene y se va, un estímulo de afuera, o una pérdida que a uno lo tira abajo...es una perenne sensación de culpa, de asco, de hastío, de parálisis emocional”. Al igual que él, “siempre siento que todo es vano, que todo me pesa demasiado, y querría tirarme en la cama y no levantarme jamás”.
Aun así, hay más de una cosa que nos diferencia, Fiks es admirado por muchos, es deseado por el sexo opuesto, sabe como ejercer su influencia entre las personas, y pese a todo siente el hastío de vivir. Yo también lo siento, pero no tengo ni la cuarta parte de todo lo que él tiene. A mí nadie me admira, nadie me desea, y soy incapaz de influenciar a nadie. De todas formas, quiero dejar en claro que no intento con esto justificar mi situación, ni pretendo culparlo a él por sentirse así, ya que entiendo que este maldito sentimiento es inevitable.
sábado, diciembre 25, 2004
Un Vano Ruido de Palabras...
A continuación voy a copiar unas palabras del escritor Nicolas Fiks que, como siempre, me han encantado y además me han hecho sentir sumamente identificada...
Quejarse es señal de que no se ha atravesado ningún infierno; toda conversación o discurso filosófico es un vano ruido de palabras. Tendríamos que habituarnos a sufrir en silencio como los animales, pues nuestras desesperaciones, nuestras diatribas, nuestros puños en alto blasfemando contra el cielo son necedades dignas de oligofrénico.
Nadie puede cambiar su destino propio ni el destino que padece la humanidad.
La Historia es la cadena diamantina de los vencidos, es la concatenación ineluctable de esta marcha de bestias domesticas que es el hombre. Basta con leer un poco para persuadirse que nunca ningún ser logró hacer estragos duraderos en el otro, y que todo discurso, sistema político o creencia artística con el tiempo se desvanece. Todo es polvo, y tus palabras de odio también.
A nadie le importas, porque ese alguien a quien te dirigís con vehemencias es también un gusano inmundo asustado de su destino, y que intenta consolarte como lo haría un enfermo terminal a otro en alguna sala de hospital.
¿Realmente esperas algo de tu prójimo? ¿De esa amalgama de carne y sudores que nació por azar y que morirá en las mismas condiciones? ¿Que transitará toda su vida con el signo de interrogación enclavado en su cabeza como un nimbo maldito?
Quieren ayudarte y ni ellos mismos pueden manejar sus vidas; intentan aconsejarte con voz persuasiva y tiemblan ante la visita bimestral al médico. Son basura como vos, por lo tanto no recurras a ellos, porque todas sus palabras son temores disimulados, su seguridad no es otra cosa que la tranquilidad que en ellos resplandece a no ser los víctimas de tus depresiones.
No niego que intenten ayudarte, y más tratándose de amigos o parientes, pero jamás sabrán cómo hacerlo, porque son hombres, porque son imperfectos y porque el sol malediciente que deja ver toda la bazofia de la existencia brilla tanto para ellos como para vos.
La soledad es la mejor consejera porque es autista, no miente, no porque no quiera hacerlo, sino porque tiene cercenada su lengua.
Que tus gritos sean agónicos ecos, que tus golpes hagan sangrar a tus nudillos.
No importunes a otros condenados a muerte por decreto divino; dejalos ser, que sigan su rumbo, optimista o no, pero que no interfieran en tus decisiones, porque son tan poca cosa como vos.
Entonces uno se preguntará: ¿qué hacer en esos momentos en donde necesitamos una mano amiga que nos consuele, o unos labios cupidescos que nos sacien? No hagamos nada, esperemos el derrumbamiento mental.
Dios así lo quiso, sino hubiera creado seres superiores, que con una palabra o un gesto puedan hacerte sentir bien, pero ¿quién te hizo sentir bien durante más de cinco años, por ejemplo? ¿El amor? No lo creo, pues este sentimiento posee todas las características de una enfermedad: obsesión, celos, posesión, inseguridad.
¿La amistad? No hay amistades eternas, y no existe nada más triste que ver envejecer a un ser querido, que ya atrofiado por el peso de la vida, intenta aferrarse a esta con desesperación, cargándote a vos, pobre infeliz, con todos sus males. La amistad es el pacto tácito entre dos inseguros que se alaban mutuamente, y que luego de un tiempo, se desprecian mutuamente.
Después existe la familia, ¿ella será tu contención? ¿Es la atalaya que Dios puso para consolar a las almas en pena? Lo dudo, pues no es un Absoluto, es algo relativo: las familias se disgregan por ambición de algunas de sus partes cuando de dinero se trata; se abandonan cuando un tercero influye y hasta se hacina en geriátricos a los seres que la han formado... por lo tanto también es una institución dubitativa, que puede serte útil, pero también perjudicial. Vos, como hijo, pagarás las culpas de tus padres, sino lee el primer libro de la Biblia y verás que, si bien el pecado original fue perpetrado por Adán y Eva, el primero en morir fue su hijo Abel. Muchos cargan las culpas de sus padres, los celos de sus hermanos o las perversiones de algún pariente lejano... la familia no es el refugio seguro.
¿Qué nos queda? ¿La sociedad? No hace falta que diga que es el peor enemigo del hombre. ¿La religión? Más nociva aún, con todas sus promesas supraterrenales porque es incapaz de hacerse cargo de los males presentes. Te hablan del futuro, porque el pasado es sangre, ambición e Inquisición, y el presente incertidumbre litúrgica... abrir la boca y comer una ostia. Más que eso no pueden darte.
Por lo tanto, si tu vida se viene abajo, dejala caer vertiginosamente, acelera su desmoronamiento. No hay nadie que te pueda levantar, porque todos son iguales, entonces ¿como buscar ayuda en iguales, como demandar una mano salvífica en seres como vos? No hay héroes, no existen los Ulises y Aquiles homéricos, ni los Jesús y Pedros bíblicos que te alimentaran con peces y pan cuando sientas hambre.
ESTAS SOLO. Más solo aun que cuando eras un feto inmundo en las no menos inmundas y sanguinolentas entrañas de tu madre. Te parieron para sacrificarte: tu vida es una cuna y un ataúd: el resto un oscilar de ciego en un valle de lágrimas de azufre.
Quejarse es señal de que no se ha atravesado ningún infierno; toda conversación o discurso filosófico es un vano ruido de palabras. Tendríamos que habituarnos a sufrir en silencio como los animales, pues nuestras desesperaciones, nuestras diatribas, nuestros puños en alto blasfemando contra el cielo son necedades dignas de oligofrénico.
Nadie puede cambiar su destino propio ni el destino que padece la humanidad.
La Historia es la cadena diamantina de los vencidos, es la concatenación ineluctable de esta marcha de bestias domesticas que es el hombre. Basta con leer un poco para persuadirse que nunca ningún ser logró hacer estragos duraderos en el otro, y que todo discurso, sistema político o creencia artística con el tiempo se desvanece. Todo es polvo, y tus palabras de odio también.
A nadie le importas, porque ese alguien a quien te dirigís con vehemencias es también un gusano inmundo asustado de su destino, y que intenta consolarte como lo haría un enfermo terminal a otro en alguna sala de hospital.
¿Realmente esperas algo de tu prójimo? ¿De esa amalgama de carne y sudores que nació por azar y que morirá en las mismas condiciones? ¿Que transitará toda su vida con el signo de interrogación enclavado en su cabeza como un nimbo maldito?
Quieren ayudarte y ni ellos mismos pueden manejar sus vidas; intentan aconsejarte con voz persuasiva y tiemblan ante la visita bimestral al médico. Son basura como vos, por lo tanto no recurras a ellos, porque todas sus palabras son temores disimulados, su seguridad no es otra cosa que la tranquilidad que en ellos resplandece a no ser los víctimas de tus depresiones.
No niego que intenten ayudarte, y más tratándose de amigos o parientes, pero jamás sabrán cómo hacerlo, porque son hombres, porque son imperfectos y porque el sol malediciente que deja ver toda la bazofia de la existencia brilla tanto para ellos como para vos.
La soledad es la mejor consejera porque es autista, no miente, no porque no quiera hacerlo, sino porque tiene cercenada su lengua.
Que tus gritos sean agónicos ecos, que tus golpes hagan sangrar a tus nudillos.
No importunes a otros condenados a muerte por decreto divino; dejalos ser, que sigan su rumbo, optimista o no, pero que no interfieran en tus decisiones, porque son tan poca cosa como vos.
Entonces uno se preguntará: ¿qué hacer en esos momentos en donde necesitamos una mano amiga que nos consuele, o unos labios cupidescos que nos sacien? No hagamos nada, esperemos el derrumbamiento mental.
Dios así lo quiso, sino hubiera creado seres superiores, que con una palabra o un gesto puedan hacerte sentir bien, pero ¿quién te hizo sentir bien durante más de cinco años, por ejemplo? ¿El amor? No lo creo, pues este sentimiento posee todas las características de una enfermedad: obsesión, celos, posesión, inseguridad.
¿La amistad? No hay amistades eternas, y no existe nada más triste que ver envejecer a un ser querido, que ya atrofiado por el peso de la vida, intenta aferrarse a esta con desesperación, cargándote a vos, pobre infeliz, con todos sus males. La amistad es el pacto tácito entre dos inseguros que se alaban mutuamente, y que luego de un tiempo, se desprecian mutuamente.
Después existe la familia, ¿ella será tu contención? ¿Es la atalaya que Dios puso para consolar a las almas en pena? Lo dudo, pues no es un Absoluto, es algo relativo: las familias se disgregan por ambición de algunas de sus partes cuando de dinero se trata; se abandonan cuando un tercero influye y hasta se hacina en geriátricos a los seres que la han formado... por lo tanto también es una institución dubitativa, que puede serte útil, pero también perjudicial. Vos, como hijo, pagarás las culpas de tus padres, sino lee el primer libro de la Biblia y verás que, si bien el pecado original fue perpetrado por Adán y Eva, el primero en morir fue su hijo Abel. Muchos cargan las culpas de sus padres, los celos de sus hermanos o las perversiones de algún pariente lejano... la familia no es el refugio seguro.
¿Qué nos queda? ¿La sociedad? No hace falta que diga que es el peor enemigo del hombre. ¿La religión? Más nociva aún, con todas sus promesas supraterrenales porque es incapaz de hacerse cargo de los males presentes. Te hablan del futuro, porque el pasado es sangre, ambición e Inquisición, y el presente incertidumbre litúrgica... abrir la boca y comer una ostia. Más que eso no pueden darte.
Por lo tanto, si tu vida se viene abajo, dejala caer vertiginosamente, acelera su desmoronamiento. No hay nadie que te pueda levantar, porque todos son iguales, entonces ¿como buscar ayuda en iguales, como demandar una mano salvífica en seres como vos? No hay héroes, no existen los Ulises y Aquiles homéricos, ni los Jesús y Pedros bíblicos que te alimentaran con peces y pan cuando sientas hambre.
ESTAS SOLO. Más solo aun que cuando eras un feto inmundo en las no menos inmundas y sanguinolentas entrañas de tu madre. Te parieron para sacrificarte: tu vida es una cuna y un ataúd: el resto un oscilar de ciego en un valle de lágrimas de azufre.
Sobre la Muerte (por FIKS)
1. Me comentan acerca de la muerte de un conocido. ¿Qué hacer?
¿Lamentarse? La gente continúa viendo a la muerte como algo impredecible, cuando ella, pese a ser más antigua que el hombre, mantiene toda su lozanía y vigor. Es eternamente joven e inoportuna, como todo adolescente; existe desde que el primer corazón se detuvo, entonces ¿de qué nos sorprendemos?
Ella es una habitante del Cosmos que tiene todo el derecho a reclamar lo que sembró en el útero de cada hembra, habría que llamarla a ella Madre y no a la Naturaleza que sólo es su criada, que mantiene al niño, luego al adulto y más tarde al anciano únicamente con vida y esperanzas para entregársela a la Dueña cuando ella lo crea conveniente.
Temerle a la muerte es sinónimo de estupidez, pues ella nos rige, es lo único auténtico en un mundo de confusión: la vida misma jamás pudo ser abarcada como un Todo; millares de preguntas, hechas por los más sabios hombres, aun permanecen sin respuesta, pero la muerte no. Ella es la respuesta a la vida, es lo único real, lo único que no es fruto de azares de alcoba o de amores maritales. Ella decide.
En cambio el nacimiento lo programa el homínido, o a lo sumo la ciencia con todas sus parafernalias de experimentos con espermas y óvulos. Pero ¿como restarle importancia a la Muerte? ¿Quién contestó acertadamente a sus interrogantes?
Pululan millares de libros que hablan de túneles al final del camino y a los parientes saludando sonrientes y demás sandeces, pero la gente con un poco de inteligencia sabe que eso no existe, y que ningún humano puede enfrentar los arcanos de la defunción.
Y allí veo al hombre, siempre altivo y orgulloso de sus logros, pretendiéndose importante en una vida que sólo lo halaga para luego derrumbarlo. Conocer el final de este relato es un argumento ineluctable contra la vida, porque si nos borramos de la mente a los ángeles y a sus arpas, al Nirvana y al gordo Buda dándonos la bienvenida y a Alá y a sus delicias paradisíacas, deberíamos echarnos en una cama y gemir hasta que los pulmones nos reventaran... pero no, es tanta la malicia del mundo, de su Creador tal vez, y es tanta la ironía de la Muerte, que nos carga de esperanzas, de objetivos, de logros.
El fracaso sería a lo único que el hombre debería aspirar, sería una manera de desafiar a la Muerte, de decirle: "Me llevas, pero no te llevas ninguna dicha conmigo, voy vacío a tu encuentro"
En ese sentido los filósofos cínicos han sido los más sabios, pues conocían lo perecedero de todo y lo necio que es acumular honores, riquezas y demás, sólo para ostentarlos ante sus semejantes.
¿Qué puede haber más lamentable que buscar al aplauso del otro? Es sólo un efímero momento orgásmico que luego nos conduce a la mas miserable de las situaciones, al percibir que ese ser al cual deslumbramos, es igual a nosotros, y que tampoco pudo vencer a la Reina Muerte.
Yo sólo le estrecharía la mano a Diógenes, a Marco Aurelio, a Cioran, a Shopenhauer, a Vargas Vila y a algunos más, al resto los vería con lástima, como hago la mayoría de las veces, que se creen muy importantes por tener en su haber triunfos.
¿Triunfo? ¡Qué palabra idiota! ¿Triunfar para quien? En ese aspecto, los judíos al menos mataron a Dios, ese es un buen logro, ¿pero el resto? Es digno de risa en el mejor de los casos, o de llanto incontrolable.
No niego que la vida misma nos lleva a buscar cosas, que un impulso maldito nos abotarga la mente de ideales y de sueños, pero de allí a creer en ellos hay un largo sendero.
Yo puedo conquistar el mundo, pero me sentiría igual de infeliz que si viviera debajo de un puente con vagabundos, por la sencilla razón de que no creo en el humano, en sus hazañas, en sus palabras; su valentía y su honor son mentiras creadas para no dar a conocer lo que realmente son: puercos erigidos en dos patas que osan llegar a la estantería más alta de las bibliotecas para nutrirse con los mejores libros, y luego ostentar su saber en reuniones o en conferencias; o bien sos hormigas que afanosamente trabajan de sol a sol para descansar alguna mísera semana que su faena laboral les permita. ¿A esa gente hay que agradar? Yo, si tuviera el poder, eliminaría de la faz de la tierra a la humanidad, y luego, me sentaría sobre millones de cadáveres para reír grotescamente. No existe desgracia más abyecta que queres sobresalir en una vida que tiene como cimiento la tierra del cementerio y como cielo la madera de un ataúd.
2. He conocido el aplauso, la entrega desmesurada de mujeres hermosas en mi lecho, el poder de trastornar algunas mentes; he influenciado sobre más de una persona y me he embriagado con el dinero. No hay cosa que no haya experimentado en estos últimos años, y sin embargo, como un Eclesiastés en menor grado, siento el hastío de vivir, la búsqueda de un áncora que me rescate de este mar de penumbras.
Dios siempre se ha mostrado benévolo conmigo, hizo que la mayoría de mis sueños tomen vida, pero jamás me sentí feliz, o al menos en paz.
El amor revoloteó a mi lado, y yo, confundiéndolo con una ave de rapiña, lo maté con mis propias manos. Sabía que, como alguna vez dije, "el amor son dos vocales, dos consonantes y dos idiotas". Buscar al otro para no sentirse tan solo es como abrazar una lápida de cementerio: ¿qué nos puede brindar? Acaso consuelo, pero no el consuelo ante una vida despiadada, ante la marcha ignominiosa de la humanidad, ¿cómo buscar salvación en el otro?
Entonces uno sueña con ella, con la Muerte, y la ve tan bella, tan tranquila, permitiéndole a nosotros, los insomnes, cerrar los ojos por un largo tiempo. Ella se presenta como el descanso que tanto anhelamos, y que no nos dan los vocablos, ni el dinero, ni la fama... lo da la paz eterna, la ausencia de dolores, de temores, de amores (porque estos también son grilletes)
Sueño con mi cuerpo aletargando eternamente, lejos de las miradas de todos, teniendo a los gusanos como compañía. La fresca tierra entrando por mis poros, ella no me hará daño, lo sé.
Pero la Muerte es tan inmisericorde como Dios, no viene cuando alguien la llama, sino por el contrario, se dirige, junto a su aliada, la Desventura, hacia aquel que quiere vivir, que ansía ver el sol y contemplar la luna; a los otros, a los que nos enfangamos de hiel cada día, nos deja vivos, y es más, nos colma de dones, para que así seamos el hazme reír de la existencia: "¿No te gusta la vida?"-ella dice-"Entonces viví y tené suerte" Mientras que a centenares de personas que desean hacer realidad sus logros, por más que estos sean comida, abrigo o una caricia, los deja en el desamparo total.
Jesús dijo algo muy cierto: "Al que tenga se le dará más, y al que tenga poco se le sacará todo" Palabras terribles, pero dichas por un supuesto Dios, por lo tanto hay que aceptarlas y resignarnos a lo que somos.
No es el miedo a la Muerte lo que perturba a los corazones desolados, es el miedo al nuevo día, a la persona que se presentará para ayudarnos: le tememos a ella, porque sabemos que nada, que no sea dolor y lágrimas, podemos ofrecerle. Un rapto de piedad nos inspiran: después de todo quieren nuestro bien, pero estamos estigmatizados, nosotros no bebimos del Leteo, no sabemos olvidar, nos hundimos en tierras movedizas cada día, y la Vida, sonriéndole a la Muerte, nos ayuda a salir... nuestros ojos permanecen en vela todas las noches, nuestro cuerpo no sufre consecuencias, nuestro intelecto crece a diario, y nosotros, los infelices, nos resignamos a nuestra suerte. ¿Qué otra cosa nos queda? ¿Matarnos? Deberíamos hacerlo, pero este es un acto impulsivo, no racional, lo comente aquel al que la vida decepcionó, no aquel al que nunca le interesó nada.
El hombre que se mata amó alguna vez a la vida, el hombre que vive sin convicciones ama siempre a la muerte.
¿Lamentarse? La gente continúa viendo a la muerte como algo impredecible, cuando ella, pese a ser más antigua que el hombre, mantiene toda su lozanía y vigor. Es eternamente joven e inoportuna, como todo adolescente; existe desde que el primer corazón se detuvo, entonces ¿de qué nos sorprendemos?
Ella es una habitante del Cosmos que tiene todo el derecho a reclamar lo que sembró en el útero de cada hembra, habría que llamarla a ella Madre y no a la Naturaleza que sólo es su criada, que mantiene al niño, luego al adulto y más tarde al anciano únicamente con vida y esperanzas para entregársela a la Dueña cuando ella lo crea conveniente.
Temerle a la muerte es sinónimo de estupidez, pues ella nos rige, es lo único auténtico en un mundo de confusión: la vida misma jamás pudo ser abarcada como un Todo; millares de preguntas, hechas por los más sabios hombres, aun permanecen sin respuesta, pero la muerte no. Ella es la respuesta a la vida, es lo único real, lo único que no es fruto de azares de alcoba o de amores maritales. Ella decide.
En cambio el nacimiento lo programa el homínido, o a lo sumo la ciencia con todas sus parafernalias de experimentos con espermas y óvulos. Pero ¿como restarle importancia a la Muerte? ¿Quién contestó acertadamente a sus interrogantes?
Pululan millares de libros que hablan de túneles al final del camino y a los parientes saludando sonrientes y demás sandeces, pero la gente con un poco de inteligencia sabe que eso no existe, y que ningún humano puede enfrentar los arcanos de la defunción.
Y allí veo al hombre, siempre altivo y orgulloso de sus logros, pretendiéndose importante en una vida que sólo lo halaga para luego derrumbarlo. Conocer el final de este relato es un argumento ineluctable contra la vida, porque si nos borramos de la mente a los ángeles y a sus arpas, al Nirvana y al gordo Buda dándonos la bienvenida y a Alá y a sus delicias paradisíacas, deberíamos echarnos en una cama y gemir hasta que los pulmones nos reventaran... pero no, es tanta la malicia del mundo, de su Creador tal vez, y es tanta la ironía de la Muerte, que nos carga de esperanzas, de objetivos, de logros.
El fracaso sería a lo único que el hombre debería aspirar, sería una manera de desafiar a la Muerte, de decirle: "Me llevas, pero no te llevas ninguna dicha conmigo, voy vacío a tu encuentro"
En ese sentido los filósofos cínicos han sido los más sabios, pues conocían lo perecedero de todo y lo necio que es acumular honores, riquezas y demás, sólo para ostentarlos ante sus semejantes.
¿Qué puede haber más lamentable que buscar al aplauso del otro? Es sólo un efímero momento orgásmico que luego nos conduce a la mas miserable de las situaciones, al percibir que ese ser al cual deslumbramos, es igual a nosotros, y que tampoco pudo vencer a la Reina Muerte.
Yo sólo le estrecharía la mano a Diógenes, a Marco Aurelio, a Cioran, a Shopenhauer, a Vargas Vila y a algunos más, al resto los vería con lástima, como hago la mayoría de las veces, que se creen muy importantes por tener en su haber triunfos.
¿Triunfo? ¡Qué palabra idiota! ¿Triunfar para quien? En ese aspecto, los judíos al menos mataron a Dios, ese es un buen logro, ¿pero el resto? Es digno de risa en el mejor de los casos, o de llanto incontrolable.
No niego que la vida misma nos lleva a buscar cosas, que un impulso maldito nos abotarga la mente de ideales y de sueños, pero de allí a creer en ellos hay un largo sendero.
Yo puedo conquistar el mundo, pero me sentiría igual de infeliz que si viviera debajo de un puente con vagabundos, por la sencilla razón de que no creo en el humano, en sus hazañas, en sus palabras; su valentía y su honor son mentiras creadas para no dar a conocer lo que realmente son: puercos erigidos en dos patas que osan llegar a la estantería más alta de las bibliotecas para nutrirse con los mejores libros, y luego ostentar su saber en reuniones o en conferencias; o bien sos hormigas que afanosamente trabajan de sol a sol para descansar alguna mísera semana que su faena laboral les permita. ¿A esa gente hay que agradar? Yo, si tuviera el poder, eliminaría de la faz de la tierra a la humanidad, y luego, me sentaría sobre millones de cadáveres para reír grotescamente. No existe desgracia más abyecta que queres sobresalir en una vida que tiene como cimiento la tierra del cementerio y como cielo la madera de un ataúd.
2. He conocido el aplauso, la entrega desmesurada de mujeres hermosas en mi lecho, el poder de trastornar algunas mentes; he influenciado sobre más de una persona y me he embriagado con el dinero. No hay cosa que no haya experimentado en estos últimos años, y sin embargo, como un Eclesiastés en menor grado, siento el hastío de vivir, la búsqueda de un áncora que me rescate de este mar de penumbras.
Dios siempre se ha mostrado benévolo conmigo, hizo que la mayoría de mis sueños tomen vida, pero jamás me sentí feliz, o al menos en paz.
El amor revoloteó a mi lado, y yo, confundiéndolo con una ave de rapiña, lo maté con mis propias manos. Sabía que, como alguna vez dije, "el amor son dos vocales, dos consonantes y dos idiotas". Buscar al otro para no sentirse tan solo es como abrazar una lápida de cementerio: ¿qué nos puede brindar? Acaso consuelo, pero no el consuelo ante una vida despiadada, ante la marcha ignominiosa de la humanidad, ¿cómo buscar salvación en el otro?
Entonces uno sueña con ella, con la Muerte, y la ve tan bella, tan tranquila, permitiéndole a nosotros, los insomnes, cerrar los ojos por un largo tiempo. Ella se presenta como el descanso que tanto anhelamos, y que no nos dan los vocablos, ni el dinero, ni la fama... lo da la paz eterna, la ausencia de dolores, de temores, de amores (porque estos también son grilletes)
Sueño con mi cuerpo aletargando eternamente, lejos de las miradas de todos, teniendo a los gusanos como compañía. La fresca tierra entrando por mis poros, ella no me hará daño, lo sé.
Pero la Muerte es tan inmisericorde como Dios, no viene cuando alguien la llama, sino por el contrario, se dirige, junto a su aliada, la Desventura, hacia aquel que quiere vivir, que ansía ver el sol y contemplar la luna; a los otros, a los que nos enfangamos de hiel cada día, nos deja vivos, y es más, nos colma de dones, para que así seamos el hazme reír de la existencia: "¿No te gusta la vida?"-ella dice-"Entonces viví y tené suerte" Mientras que a centenares de personas que desean hacer realidad sus logros, por más que estos sean comida, abrigo o una caricia, los deja en el desamparo total.
Jesús dijo algo muy cierto: "Al que tenga se le dará más, y al que tenga poco se le sacará todo" Palabras terribles, pero dichas por un supuesto Dios, por lo tanto hay que aceptarlas y resignarnos a lo que somos.
No es el miedo a la Muerte lo que perturba a los corazones desolados, es el miedo al nuevo día, a la persona que se presentará para ayudarnos: le tememos a ella, porque sabemos que nada, que no sea dolor y lágrimas, podemos ofrecerle. Un rapto de piedad nos inspiran: después de todo quieren nuestro bien, pero estamos estigmatizados, nosotros no bebimos del Leteo, no sabemos olvidar, nos hundimos en tierras movedizas cada día, y la Vida, sonriéndole a la Muerte, nos ayuda a salir... nuestros ojos permanecen en vela todas las noches, nuestro cuerpo no sufre consecuencias, nuestro intelecto crece a diario, y nosotros, los infelices, nos resignamos a nuestra suerte. ¿Qué otra cosa nos queda? ¿Matarnos? Deberíamos hacerlo, pero este es un acto impulsivo, no racional, lo comente aquel al que la vida decepcionó, no aquel al que nunca le interesó nada.
El hombre que se mata amó alguna vez a la vida, el hombre que vive sin convicciones ama siempre a la muerte.
viernes, diciembre 24, 2004
La Hormiguita Solitaria (Nicolas Fiks)
La Hormiguita Solitaria
Alejada de su hormiguero, pasaba las noches la hormiguita solitaria. Ni la laboriosa actitud de sus compañeras obreras ni la majestuosidad de la Reina, le atraía; ella esperaba que el sol se ocultase para dirigirse con prontitud al otro lado del arenal.
Tumbada boca arriba, moviendo sus patitas en señal de insatisfacción, absorbía el fresco aire que la noche trae consigo, y como hipnotizada por la luminaria de plata que pende del cielo, hacia gestos penosos con sus antenitas.
Aburrida de todo y de todos, sólo deseaba una cosa: morir.
Durante meses, en las batallas que ella y sus compañeras enfrentaban con sus acérrimas enemigas, las hormigas rojas, iba al frente, no por heroísmo o porque le importara la vida de sus camaradas, sino porque deseaba fervientemente caer muerta en el combate. Pero el destino no quería que muriese, ya que no sólo salía indemne, sino que además era proclamada la más valiente y agasajada en la comunidad como una auténtica heroína. Ella, postrada en el más abyecto ostracismo que es querer morir y no poder, sólo contemplaba resignada la situación.
Después de tantos enfrentamientos, y de ver la Reina que la hormiguita solitaria era tan valiente, la proclamó lugarteniente del hormiguero, posición a la que pocas hormigas habían tenido el privilegio de acceder.
Su tarea consistía en controlar quienes entraban y salían del hogar comunal; capturar enemigos, mediante las estratagemas que ella misma realizaba y por último, y esto era lo más atrayente, la posesión de esclavas que en todo obedecían y en todo complacían. La mayoría de estas siervas eran hormigas enemigas vencidas así como también desertoras del propio hormiguero, que ahora, merced a su cobarde actitud, pasaban el resto de sus días bajo el yugo de la lugarteniente de la Reina.
Nuestra amiga aceptó disgustada la nueva situación, ya que no quería mandar ni que la mandasen; por un lado tenía a cientos de miles de insectos a su cargo, esperando ansiosos sus palabras o sus gestos, pero también debía rendirle cuentas a la Reina, que era tan altanera que si alguien entraba en su feudo sin doblegar las dos patitas delanteras, era inmediatamente ejecutada.
Sin embargo la Reina admiraba a la hormiguita solitaria; la llenaba de cumplidos y la deseaba como su heredera. Solía decirle que algún día ella moriría y que el hormiguero iba a quedar a su cargo.
-La muerte nos llega a todos- decía la Reina con un dejo de melancolía- y yo deberé ceder mi lugar a alguna de ustedes, y es mi más ferviente deseo de que seas tú quien quede a cargo de todo.
-Pero ¿por qué yo? ¿en qué me diferencié?- respondía la otra entre humilde y confundida.
-¿En que te diferenciaste? En todo, en todo. Fuiste la más valiente, la más sagaz; emprendiste a altas horas de la noche la captura de los más feroces enemigos en nombre de nuestro hogar; te antepusiste a la muerte segura de muchas de tus compañeras, y merced a algún milagro o a algún poder recóndito que tal vez poseas, siempre sanaste. Nunca nada ni nadie te dañó, no existe ser más competo que tú para hacerse cargo de este hormiguero.
La hormiguita solitaria pensaba en todo lo que la Reina le decía, y en su interior deseaba exclamarle que su valentía era en verdad cobardía ante la vida; que sus capturas nocturnas eras senderos hacia la muerte, que por uno u otro motivo, nunca hallaba, y por último que jamás quiso a esas estúpidas obreras que pasan su vida en estado servil sólo para ser aceptadas por las superioras, y si se había antepuesto a las ferósticas picaduras de sus enemigas, no fue por amor o coraje, sino por odio y desprecio hacia sí misma.
Eso pensaba la hormiguita, y dudaba que la Reina, oropelada y ataviada con las más finas sedas, y viendo todo desde su pedestal, pudiese entender la terrible tragedia de un insecto que recibe aplausos en vez de golpes, y que es halagado en vez de asesinado. ¿Podría comprender eso una Reina que pasó toda su vida ostentando desmesuradamente lo que era?
La Reina se acercó más a su lugarteniente y le dijo:
-Es así querida amiga, tú te lo ganaste; la vida te colmó de dones, y quiero que les enseñes a las demás a ser como tú, a poseer tus agallas, tu determinación. Tú eres el modelo a imitar.
Luego de decir esto último, la Reina, arrastrando su purpúreo manto, se perdió entre la blanca arena, dejando a la hormiguita en la más absoluta soledad y en un estado meditabundo que la abrumaba en demasía.
Sentía que todo el peso cargaba sobre ella, y que ahora no sólo tendría que lidiar con su asco hacia la vida, sino que además, enseñar a otras, a esas cobardes y fracasadas, como vivir. Pero ¿qué podía transmitirles si ni ella misma sabía cómo había llegado tan lejos? ¿Qué les diría? ¿Sean valientes, maten a sus enemigos, ostenten sus triunfos, congratúlense conmigo? ¡Ella era cobarde, no podía matarse y sólo vivía humillándose!
La hormiguita decidió escapar de la situación mediante un solo camino: abandonar el hormiguero antes que despunte el sol e ir decidida en busca de su muerte.
Caminó largos kilómetros hasta que llegó a la ciudad. Miles de zapatos serían su pasaje seguro hacia la otra vida que anhelaba, o mejor dicho, su pasaje seguro fuera de esta vida que despreciaba.
Muchos querrán saber por qué la hormiguita despreciaba tanto vivir, cuando todas sus compañeras obreras trabajan contentas de sol a sol, y las guerreras se entrenaban sonrientes sólo para realizar algún combate esporádico. ¿Por qué ella no estaba con una cosa ni con la otra: ni en paz servil, ni en guerra esclavizante? ¿Que ideas había en su cabeza que la llevaron a tomar actitudes tan extremas y finalmente la huida justo en el momento en que hubiera llegado a los más alto de su vida? ¿Por qué renunciaba a los honores, a las aplausos, a ser la Reina?
En realidad no existía una respuesta concreta a estos interrogantes, no era su propia experiencia la que la había llevado a despreciar el diario vivir, no era su propia visión la que se había maculado de un modo pesimista, sino que fue merced a ver a las demás, de contemplarlas detenidamente, de ver sus vanas aspiraciones y sus infundadas esperanzas. Sus ganas de morir no provenían de un desprecio hacia la vida en si, sino hacia la vida de sus compañeras. Ella pensó: "Detesto a los demás, pero los demás vivirán una vida, por lo tanto si detesto la vida y acabo con ella, acabaré con los demás"
Parecía un silogismo, pero en verdad era la más cruenta realidad: su desprecio no era hacia el sol, la luna, las estrellas, los mares y ríos, sino hacia sus semejantes, y justamente por eso se odiaba tanto: porque era semejante, porque había nacido de igual manera, porque estaba constituida de igual forma... veía en ella misma el asco que les profesaba a las demás hormigas.
Vagó por la ciudad durante días, pero ningún zapato logro estrellarse del todo contra su cuerpecito, ningún neumático logró aplastarla completamente y las veces que cayó por las alcantarillas, fue arrastrada por sus sucias aguas hacia algún descampado, en donde mojada, no sólo por la fétida agua, sino que además por sus propias lágrimas, se quedaba pensativa hasta que el sueño se apoderaba otra vez de ella.
Su cuerpo estaba sucio, infectado de haberse posado en tantas suelas de zapatos, de haber dado vueltas decenas de veces en ruedas de autos, de haberse revolcado hasta el hartazgo en excrementos, de haber consumido el agua podrida... pero nada la mataba. Al otro día el sol volvía a salir junto a sus lágrimas que sólo imploraban cesar merced a la caída definitiva de sus torturados párpados.
Desesperada, y viendo que tampoco los hombres son seres como para tenerles estima, ya que su estupidez hasta lograba aventajar a la de las hormigas, decidió salir de la ciudad.
Camino noches y días sin rumbo fijo, cargando todo su pesar como una penosa cruz; todos sus pensamientos como corona de espinas y toda su podredumbre corporal como azotes pretorianos.
Sabía que estaba enferma, al menos eso era lo que su cuerpo le decía: meses de estar sumida en la podredumbre habían cambiado su fisonomía, carente de fuerzas hasta para morir, decidió quedarse tendida en el pasto esperando un milagro negro que la arrojase de esta vida. Sólo quería borrar de su mente su propia imagen y la de sus semejantes: cuando su cuerpo desapareciese, con él se irían todos los recuerdos, no habría resurrección, solo muerte, descanso, paz...
Mientras meditaba acerca de su lentitud para consumirse por su enfermedad, que ella considero gangrenosa, vio a lo lejos a un oso hormiguero que paseaba su magnificente hocico cilíndrico por el pasto. En él vio su salvación, ¿cómo no lo había pensado antes? La naturaleza después de todo no era tan despiadada, había creado un depredador justo a su medida, que apenas la viera se la devoraría sin miramientos.
La hormiguita solitaria, esperanzada nuevamente, se incorporó del tronco en donde se hallaba y caminó decidida hacia su verdugo. Se le paró enfrente, hasta le picó una pata, pero el otro parecía no prestarle atención.
-Oye idiota-dijo por fin, cansada de querer llamar su atención con ademanes- soy una pobre hormiga y tú eres un gran oso hormiguero, la naturaleza te creó para devorarme, así que cumple sus mandatos. ¿Me escuchaste bola de pelos? ¿Puedes escucharme?
El oso hormiguero la contempló mansamente y continuó olfateando por otros lados del bosque.
- ¿Pero acaso eres sordo o idiota?-volvió a imperar la hormiga- Mátame,
¿entendiste? Mátame
El oso al fin exclamo unas palabras:
-Calla de una vez, por favor. Hace apenas unas horas unos hombres portando armas han asesinado a toda mi familia, estoy solo en este mundo. Déjame en paz.
La hormiga continuó su discurso:
-Pero debes comerme, eres un oso hormiguero, ¿de que te alimentarás?
-Busco vengarme de esos seres que robaron lo que más amaba, padezco hambre, es cierto, pero me juré no probar bocado ni beber agua hasta que no encuentre a esos hombres despiadados. ¿Por qué debería darte muerte a ti que nada me hiciste? Son a esos cazadores a los que despedazaré con estas garras.
-Pero entonces...¿no me comerás?
- ¿Y por qué quieres que te coma? Es cierto que la naturaleza me creó para devorar hormigas, pero a ti te creó veloz para escaparte, entonces, ¿por que vienes a mí por tu propia cuenta? ¿Han matado también a tu familia?
-Nada de eso, yo no tengo familia, no tengo nada, solo este cuerpo podrido que no quiere abandonarme. Me fui del hormiguero porque odio a mis compañeras y me odio a mí misma, y no puedo hallar la manera de morir. Creí que tú...
-Espera-interrumpió el oso hormiguero- tú te escapas de tu gente y buscas la muerte, y a mi me la arrebatan y sin embargo sigo viviendo sólo para vengarme de esa pérdida. ¿No crees que sería injusto que te haga daño a ti que nada me robaste, y que por el contrario, estás tan sola como yo? Podemos ser amigos...
-¡Amigos no!- gritó enfurecida la hormiguita solitaria.- No quiero tener amigos, no quiero tener afecto de nadie, no quiero seguir viviendo, sólo quiero que me devores. Dios así lo quiso...
-Allí te equivocas-pronunció el oso sabiamente, ya que el dolor lo había purificado- Dios nos creó para alimentarnos uno del otro, para mantener con vida esta naturaleza, pero no creó a esos seres crueles, que por vanagloria y por ostentación, buscan la muerte de los animales más excéntricos. Ellos mataron todo lo que tenía, y no por mandato de Dios, sino por una tonta búsqueda de agradar a sus amigos al mostrarles las cabezas de mi amada y de mis hijos...
La hormiguita pensó en estas últimas palabras y vio al oso con otros ojos. El también despreciaba la altanería de los seres, la vil búsqueda de triunfo momentáneo que sólo dura un instante y se construye merced a años de dolor de la víctima. El oso prosiguió:
-Aunque es cierto que te veo muy enferma, tus alas están rotas, tu cuerpo sangrante, si en verdad no quieres sufrir más, te devoraré, pero ten presente que no lo hago por instinto, sino por compasión hacia ti. Ven hormiguita, entra en mi hocico y deslízate, no te morderé porque los osos hormigueros no tenemos dientes, sólo déjate llevar por mi lengua.
La hormiga, feliz por primera vez en su vida, trepó por el peludo cuerpo del animal e ingresó triunfante en su hocico.
-Adiós, y gracias- fueron sus últimas palabras antes de entrar en la concavidad humedad.
Pero era tanta la podredumbre del insecto, tan enfermo y gangrenoso se hallaba, que apenas se posó en la lengua de su salvador comenzó a segregar un líquido viscoso y putrefacto, que no tardó en hacer efecto en las entrañas del oso. Este comenzó a tambalearse, a sentir vértigo, luego de un fuerte dolor en su parte abdominal, cayó pesadamente al suelo. Estaba muerto. La hormiguita solitaria lo había infectado.
Desesperada salió del hocico para ver que sucedía, y allí pudo ver muerta a la mole. Comenzó a proferir injurias contra el destino, mientras contemplaba a ese ser que no le daba asco porque no era su semejante.
Trepó al cuerpo que yacía horizontalmente tendido en la tierra y se posó sobre él a llorar.
A lo lejos unos cazadores aparecieron sonrientes y portando resplandecientes armas.
-Allí esta el maldito- dijo el más joven de ellos- Era el último que nos faltaba.
-Sí, ¿pero quien le dio?¿Fuiste tú hijo?
-No... pero espera, ¿que es lo que veo allí? Una hormiga sentada sobre su lomo, mírala padre, una hormiga lo mató. Que insecto magnifico y poderoso.
Padre e hijo se acercaron más y contemplaron el espectáculo mortuorio del oso hormiguero y del llanto de la hormiguita.
- Felicitaciones hormiga- exclamo jubiloso el hijo pisando con su bota la cabeza del animal- Mataste un oso hormiguero, eres única, te haremos famosa, a todos les diremos de tu hazaña Es en verdad increíble.
La hormiga no dejaba de llorar.
El padre dijo:
-Sí, es un insecto único, gracias a él tenemos toda la colección de osos hormigueros de la zona. Pero dinos hormiguita, ¿por qué lloras? Supongo que no lo harás por un bicho que sólo vive para comer a los de tu especie.
-No lloro por su muerte-dijo finalmente la hormiga- Lloro porque sigo con vida.
Los cazadores, admirados de escucharla hablar, la colocaron delicadamente en un cofre de oro y la llevaron a la ciudad.
Alejada de su hormiguero, pasaba las noches la hormiguita solitaria. Ni la laboriosa actitud de sus compañeras obreras ni la majestuosidad de la Reina, le atraía; ella esperaba que el sol se ocultase para dirigirse con prontitud al otro lado del arenal.
Tumbada boca arriba, moviendo sus patitas en señal de insatisfacción, absorbía el fresco aire que la noche trae consigo, y como hipnotizada por la luminaria de plata que pende del cielo, hacia gestos penosos con sus antenitas.
Aburrida de todo y de todos, sólo deseaba una cosa: morir.
Durante meses, en las batallas que ella y sus compañeras enfrentaban con sus acérrimas enemigas, las hormigas rojas, iba al frente, no por heroísmo o porque le importara la vida de sus camaradas, sino porque deseaba fervientemente caer muerta en el combate. Pero el destino no quería que muriese, ya que no sólo salía indemne, sino que además era proclamada la más valiente y agasajada en la comunidad como una auténtica heroína. Ella, postrada en el más abyecto ostracismo que es querer morir y no poder, sólo contemplaba resignada la situación.
Después de tantos enfrentamientos, y de ver la Reina que la hormiguita solitaria era tan valiente, la proclamó lugarteniente del hormiguero, posición a la que pocas hormigas habían tenido el privilegio de acceder.
Su tarea consistía en controlar quienes entraban y salían del hogar comunal; capturar enemigos, mediante las estratagemas que ella misma realizaba y por último, y esto era lo más atrayente, la posesión de esclavas que en todo obedecían y en todo complacían. La mayoría de estas siervas eran hormigas enemigas vencidas así como también desertoras del propio hormiguero, que ahora, merced a su cobarde actitud, pasaban el resto de sus días bajo el yugo de la lugarteniente de la Reina.
Nuestra amiga aceptó disgustada la nueva situación, ya que no quería mandar ni que la mandasen; por un lado tenía a cientos de miles de insectos a su cargo, esperando ansiosos sus palabras o sus gestos, pero también debía rendirle cuentas a la Reina, que era tan altanera que si alguien entraba en su feudo sin doblegar las dos patitas delanteras, era inmediatamente ejecutada.
Sin embargo la Reina admiraba a la hormiguita solitaria; la llenaba de cumplidos y la deseaba como su heredera. Solía decirle que algún día ella moriría y que el hormiguero iba a quedar a su cargo.
-La muerte nos llega a todos- decía la Reina con un dejo de melancolía- y yo deberé ceder mi lugar a alguna de ustedes, y es mi más ferviente deseo de que seas tú quien quede a cargo de todo.
-Pero ¿por qué yo? ¿en qué me diferencié?- respondía la otra entre humilde y confundida.
-¿En que te diferenciaste? En todo, en todo. Fuiste la más valiente, la más sagaz; emprendiste a altas horas de la noche la captura de los más feroces enemigos en nombre de nuestro hogar; te antepusiste a la muerte segura de muchas de tus compañeras, y merced a algún milagro o a algún poder recóndito que tal vez poseas, siempre sanaste. Nunca nada ni nadie te dañó, no existe ser más competo que tú para hacerse cargo de este hormiguero.
La hormiguita solitaria pensaba en todo lo que la Reina le decía, y en su interior deseaba exclamarle que su valentía era en verdad cobardía ante la vida; que sus capturas nocturnas eras senderos hacia la muerte, que por uno u otro motivo, nunca hallaba, y por último que jamás quiso a esas estúpidas obreras que pasan su vida en estado servil sólo para ser aceptadas por las superioras, y si se había antepuesto a las ferósticas picaduras de sus enemigas, no fue por amor o coraje, sino por odio y desprecio hacia sí misma.
Eso pensaba la hormiguita, y dudaba que la Reina, oropelada y ataviada con las más finas sedas, y viendo todo desde su pedestal, pudiese entender la terrible tragedia de un insecto que recibe aplausos en vez de golpes, y que es halagado en vez de asesinado. ¿Podría comprender eso una Reina que pasó toda su vida ostentando desmesuradamente lo que era?
La Reina se acercó más a su lugarteniente y le dijo:
-Es así querida amiga, tú te lo ganaste; la vida te colmó de dones, y quiero que les enseñes a las demás a ser como tú, a poseer tus agallas, tu determinación. Tú eres el modelo a imitar.
Luego de decir esto último, la Reina, arrastrando su purpúreo manto, se perdió entre la blanca arena, dejando a la hormiguita en la más absoluta soledad y en un estado meditabundo que la abrumaba en demasía.
Sentía que todo el peso cargaba sobre ella, y que ahora no sólo tendría que lidiar con su asco hacia la vida, sino que además, enseñar a otras, a esas cobardes y fracasadas, como vivir. Pero ¿qué podía transmitirles si ni ella misma sabía cómo había llegado tan lejos? ¿Qué les diría? ¿Sean valientes, maten a sus enemigos, ostenten sus triunfos, congratúlense conmigo? ¡Ella era cobarde, no podía matarse y sólo vivía humillándose!
La hormiguita decidió escapar de la situación mediante un solo camino: abandonar el hormiguero antes que despunte el sol e ir decidida en busca de su muerte.
Caminó largos kilómetros hasta que llegó a la ciudad. Miles de zapatos serían su pasaje seguro hacia la otra vida que anhelaba, o mejor dicho, su pasaje seguro fuera de esta vida que despreciaba.
Muchos querrán saber por qué la hormiguita despreciaba tanto vivir, cuando todas sus compañeras obreras trabajan contentas de sol a sol, y las guerreras se entrenaban sonrientes sólo para realizar algún combate esporádico. ¿Por qué ella no estaba con una cosa ni con la otra: ni en paz servil, ni en guerra esclavizante? ¿Que ideas había en su cabeza que la llevaron a tomar actitudes tan extremas y finalmente la huida justo en el momento en que hubiera llegado a los más alto de su vida? ¿Por qué renunciaba a los honores, a las aplausos, a ser la Reina?
En realidad no existía una respuesta concreta a estos interrogantes, no era su propia experiencia la que la había llevado a despreciar el diario vivir, no era su propia visión la que se había maculado de un modo pesimista, sino que fue merced a ver a las demás, de contemplarlas detenidamente, de ver sus vanas aspiraciones y sus infundadas esperanzas. Sus ganas de morir no provenían de un desprecio hacia la vida en si, sino hacia la vida de sus compañeras. Ella pensó: "Detesto a los demás, pero los demás vivirán una vida, por lo tanto si detesto la vida y acabo con ella, acabaré con los demás"
Parecía un silogismo, pero en verdad era la más cruenta realidad: su desprecio no era hacia el sol, la luna, las estrellas, los mares y ríos, sino hacia sus semejantes, y justamente por eso se odiaba tanto: porque era semejante, porque había nacido de igual manera, porque estaba constituida de igual forma... veía en ella misma el asco que les profesaba a las demás hormigas.
Vagó por la ciudad durante días, pero ningún zapato logro estrellarse del todo contra su cuerpecito, ningún neumático logró aplastarla completamente y las veces que cayó por las alcantarillas, fue arrastrada por sus sucias aguas hacia algún descampado, en donde mojada, no sólo por la fétida agua, sino que además por sus propias lágrimas, se quedaba pensativa hasta que el sueño se apoderaba otra vez de ella.
Su cuerpo estaba sucio, infectado de haberse posado en tantas suelas de zapatos, de haber dado vueltas decenas de veces en ruedas de autos, de haberse revolcado hasta el hartazgo en excrementos, de haber consumido el agua podrida... pero nada la mataba. Al otro día el sol volvía a salir junto a sus lágrimas que sólo imploraban cesar merced a la caída definitiva de sus torturados párpados.
Desesperada, y viendo que tampoco los hombres son seres como para tenerles estima, ya que su estupidez hasta lograba aventajar a la de las hormigas, decidió salir de la ciudad.
Camino noches y días sin rumbo fijo, cargando todo su pesar como una penosa cruz; todos sus pensamientos como corona de espinas y toda su podredumbre corporal como azotes pretorianos.
Sabía que estaba enferma, al menos eso era lo que su cuerpo le decía: meses de estar sumida en la podredumbre habían cambiado su fisonomía, carente de fuerzas hasta para morir, decidió quedarse tendida en el pasto esperando un milagro negro que la arrojase de esta vida. Sólo quería borrar de su mente su propia imagen y la de sus semejantes: cuando su cuerpo desapareciese, con él se irían todos los recuerdos, no habría resurrección, solo muerte, descanso, paz...
Mientras meditaba acerca de su lentitud para consumirse por su enfermedad, que ella considero gangrenosa, vio a lo lejos a un oso hormiguero que paseaba su magnificente hocico cilíndrico por el pasto. En él vio su salvación, ¿cómo no lo había pensado antes? La naturaleza después de todo no era tan despiadada, había creado un depredador justo a su medida, que apenas la viera se la devoraría sin miramientos.
La hormiguita solitaria, esperanzada nuevamente, se incorporó del tronco en donde se hallaba y caminó decidida hacia su verdugo. Se le paró enfrente, hasta le picó una pata, pero el otro parecía no prestarle atención.
-Oye idiota-dijo por fin, cansada de querer llamar su atención con ademanes- soy una pobre hormiga y tú eres un gran oso hormiguero, la naturaleza te creó para devorarme, así que cumple sus mandatos. ¿Me escuchaste bola de pelos? ¿Puedes escucharme?
El oso hormiguero la contempló mansamente y continuó olfateando por otros lados del bosque.
- ¿Pero acaso eres sordo o idiota?-volvió a imperar la hormiga- Mátame,
¿entendiste? Mátame
El oso al fin exclamo unas palabras:
-Calla de una vez, por favor. Hace apenas unas horas unos hombres portando armas han asesinado a toda mi familia, estoy solo en este mundo. Déjame en paz.
La hormiga continuó su discurso:
-Pero debes comerme, eres un oso hormiguero, ¿de que te alimentarás?
-Busco vengarme de esos seres que robaron lo que más amaba, padezco hambre, es cierto, pero me juré no probar bocado ni beber agua hasta que no encuentre a esos hombres despiadados. ¿Por qué debería darte muerte a ti que nada me hiciste? Son a esos cazadores a los que despedazaré con estas garras.
-Pero entonces...¿no me comerás?
- ¿Y por qué quieres que te coma? Es cierto que la naturaleza me creó para devorar hormigas, pero a ti te creó veloz para escaparte, entonces, ¿por que vienes a mí por tu propia cuenta? ¿Han matado también a tu familia?
-Nada de eso, yo no tengo familia, no tengo nada, solo este cuerpo podrido que no quiere abandonarme. Me fui del hormiguero porque odio a mis compañeras y me odio a mí misma, y no puedo hallar la manera de morir. Creí que tú...
-Espera-interrumpió el oso hormiguero- tú te escapas de tu gente y buscas la muerte, y a mi me la arrebatan y sin embargo sigo viviendo sólo para vengarme de esa pérdida. ¿No crees que sería injusto que te haga daño a ti que nada me robaste, y que por el contrario, estás tan sola como yo? Podemos ser amigos...
-¡Amigos no!- gritó enfurecida la hormiguita solitaria.- No quiero tener amigos, no quiero tener afecto de nadie, no quiero seguir viviendo, sólo quiero que me devores. Dios así lo quiso...
-Allí te equivocas-pronunció el oso sabiamente, ya que el dolor lo había purificado- Dios nos creó para alimentarnos uno del otro, para mantener con vida esta naturaleza, pero no creó a esos seres crueles, que por vanagloria y por ostentación, buscan la muerte de los animales más excéntricos. Ellos mataron todo lo que tenía, y no por mandato de Dios, sino por una tonta búsqueda de agradar a sus amigos al mostrarles las cabezas de mi amada y de mis hijos...
La hormiguita pensó en estas últimas palabras y vio al oso con otros ojos. El también despreciaba la altanería de los seres, la vil búsqueda de triunfo momentáneo que sólo dura un instante y se construye merced a años de dolor de la víctima. El oso prosiguió:
-Aunque es cierto que te veo muy enferma, tus alas están rotas, tu cuerpo sangrante, si en verdad no quieres sufrir más, te devoraré, pero ten presente que no lo hago por instinto, sino por compasión hacia ti. Ven hormiguita, entra en mi hocico y deslízate, no te morderé porque los osos hormigueros no tenemos dientes, sólo déjate llevar por mi lengua.
La hormiga, feliz por primera vez en su vida, trepó por el peludo cuerpo del animal e ingresó triunfante en su hocico.
-Adiós, y gracias- fueron sus últimas palabras antes de entrar en la concavidad humedad.
Pero era tanta la podredumbre del insecto, tan enfermo y gangrenoso se hallaba, que apenas se posó en la lengua de su salvador comenzó a segregar un líquido viscoso y putrefacto, que no tardó en hacer efecto en las entrañas del oso. Este comenzó a tambalearse, a sentir vértigo, luego de un fuerte dolor en su parte abdominal, cayó pesadamente al suelo. Estaba muerto. La hormiguita solitaria lo había infectado.
Desesperada salió del hocico para ver que sucedía, y allí pudo ver muerta a la mole. Comenzó a proferir injurias contra el destino, mientras contemplaba a ese ser que no le daba asco porque no era su semejante.
Trepó al cuerpo que yacía horizontalmente tendido en la tierra y se posó sobre él a llorar.
A lo lejos unos cazadores aparecieron sonrientes y portando resplandecientes armas.
-Allí esta el maldito- dijo el más joven de ellos- Era el último que nos faltaba.
-Sí, ¿pero quien le dio?¿Fuiste tú hijo?
-No... pero espera, ¿que es lo que veo allí? Una hormiga sentada sobre su lomo, mírala padre, una hormiga lo mató. Que insecto magnifico y poderoso.
Padre e hijo se acercaron más y contemplaron el espectáculo mortuorio del oso hormiguero y del llanto de la hormiguita.
- Felicitaciones hormiga- exclamo jubiloso el hijo pisando con su bota la cabeza del animal- Mataste un oso hormiguero, eres única, te haremos famosa, a todos les diremos de tu hazaña Es en verdad increíble.
La hormiga no dejaba de llorar.
El padre dijo:
-Sí, es un insecto único, gracias a él tenemos toda la colección de osos hormigueros de la zona. Pero dinos hormiguita, ¿por qué lloras? Supongo que no lo harás por un bicho que sólo vive para comer a los de tu especie.
-No lloro por su muerte-dijo finalmente la hormiga- Lloro porque sigo con vida.
Los cazadores, admirados de escucharla hablar, la colocaron delicadamente en un cofre de oro y la llevaron a la ciudad.
miércoles, diciembre 22, 2004
Les recomiendo leer...
"El retrato de Dorian Gray", una tesis sobre el destino de la belleza. El texto la exalta pero también la vitupera. Hay una encrucijada que enreda la vida de Dorian Gray: está atrapado en el laberinto de su propia belleza y es imposible salir indemne. Llena de frases admirables, de aparentes paradojas y de conversaciones que indagan los meandros del arte y de la vida, la novela se vuelve un exquisito tratado sobre la vanidad humana, la insatisfacción del deseo y los fantasmas de la culpa.
http://www.panhistoria.com/Stacks/Novels/Character_Homes/home.php?CharID=46
http://www.panhistoria.com/Stacks/Novels/Character_Homes/home.php?CharID=46
domingo, diciembre 19, 2004
Nobody Loves Me
A veces es difícil encontrar las palabras adecuadas para expresar todo lo q uno siente...sin embargo, hay canciones q parecen describir todo aquello q nos pasa...
Nobody loves me nobody cares
If life is empty and full of tears
I've longed for true love searched everywhere
Nobody loves me nobody cares
Searching for true love has been in vain
Through years my heart has suffered with pain
Life's lonesome burden now I must bear
Nobody loves me nobody cares
Nights on my pillow I dream of love
Through space I gaze at the stars above
They seem to whisper from way up there
Nobody loves you nobody cares
A lonesome heart and a troubled mind
In this world now is all I find
I look to heaven for I know there
Someone will love me someone will care
Nobody loves me nobody cares
If life is empty and full of tears
I've longed for true love searched everywhere
Nobody loves me nobody cares
Searching for true love has been in vain
Through years my heart has suffered with pain
Life's lonesome burden now I must bear
Nobody loves me nobody cares
Nights on my pillow I dream of love
Through space I gaze at the stars above
They seem to whisper from way up there
Nobody loves you nobody cares
A lonesome heart and a troubled mind
In this world now is all I find
I look to heaven for I know there
Someone will love me someone will care
martes, noviembre 23, 2004
Personal Jesus
Reach out and touch faith
Your own personal Jesus
Someone to hear your prayers
Someone who cares
Your own personal Jesus
Someone to hear your prayers
Someone who's there
Feeling unknown
And you're all alone
Flesh and bone
By the telephone
Lift up the receiver
I'll make you a believer
Take second best
Put me to the test
Things on your chest
You need to confess
I will deliver
You know I'm a forgiver
Reach out and touch faith
Reach out and touch faith
Your own personal Jesus...
Feeling unknown
And you're all alone
Flesh and bone
By the telephone
Lift up the receiver
I'll make you a believer
I will deliver
You know I'm a forgiver
Reach out and touch faith
Your own personal Jesus
Reach out and touch faith
Your own personal Jesus
Someone to hear your prayers
Someone who cares
Your own personal Jesus
Someone to hear your prayers
Someone who's there
Feeling unknown
And you're all alone
Flesh and bone
By the telephone
Lift up the receiver
I'll make you a believer
Take second best
Put me to the test
Things on your chest
You need to confess
I will deliver
You know I'm a forgiver
Reach out and touch faith
Reach out and touch faith
Your own personal Jesus...
Feeling unknown
And you're all alone
Flesh and bone
By the telephone
Lift up the receiver
I'll make you a believer
I will deliver
You know I'm a forgiver
Reach out and touch faith
Your own personal Jesus
Reach out and touch faith
Nobody's Home
I couldn't tell you why she felt that way,
She felt it everyday.
And I couldn't help her,
I just watched her make the same mistakes again.
What's wrong, what's wrong now?
Too many, too many problems.
Don't know where she belongs, where she belongs.
She wants to go home, but nobody's home.
I's where she lies, broken inside.
With no place to go, no place to go to dry her eyes.
Broken inside.
Open your eyes and look outside, find a reasons why.
You've been rejected, and now you can't find what you left behind.
Be strong, be strong now.
Too many, too many problems.
Don't know where she belongs, where she belongs.
She wants to go home, but nobody's home.
It's where she lies, broken inside.
With no place to go, no place to go to dry her eyes.
Broken inside.
Her feelings she hides.
Her dreams she can't find.
She's losing her mind.
She's fallen behind.
She can't find her place.
She's losing her faith.
She's fallen from grace.
She's all over the place.
Yeah,oh
She wants to go home, but nobody's home.
It's where she lies, broken inside.
With no place to go, no place to go to dry her eyes.
Broken inside.
She's lost inside, lost inside...oh oh yeah
She's lost inside, lost inside...oh oh yeah
She felt it everyday.
And I couldn't help her,
I just watched her make the same mistakes again.
What's wrong, what's wrong now?
Too many, too many problems.
Don't know where she belongs, where she belongs.
She wants to go home, but nobody's home.
I's where she lies, broken inside.
With no place to go, no place to go to dry her eyes.
Broken inside.
Open your eyes and look outside, find a reasons why.
You've been rejected, and now you can't find what you left behind.
Be strong, be strong now.
Too many, too many problems.
Don't know where she belongs, where she belongs.
She wants to go home, but nobody's home.
It's where she lies, broken inside.
With no place to go, no place to go to dry her eyes.
Broken inside.
Her feelings she hides.
Her dreams she can't find.
She's losing her mind.
She's fallen behind.
She can't find her place.
She's losing her faith.
She's fallen from grace.
She's all over the place.
Yeah,oh
She wants to go home, but nobody's home.
It's where she lies, broken inside.
With no place to go, no place to go to dry her eyes.
Broken inside.
She's lost inside, lost inside...oh oh yeah
She's lost inside, lost inside...oh oh yeah
jueves, noviembre 11, 2004
If I was beautiful like you...
If I was beautiful like you
Oh the things I would do
Those not so blessed would be crying out murder
And I'd just laugh and get away with it too
Like you do
If I was beautiful like you
I would never be at fault
I'd walk in the rain between the rain drops
Bringing traffic to a halt
But that would never be
Never, never be
Cause I'm not beautiful like you
I'm beautiful like me, I'm beautiful like me
If I was beautiful like you
I'd be quick to assume
they'd do anything to please me…
I see their reaction when you walk into the room
But that would never be
Never, never, never be
Cause I'm not beautiful like you
I'm beautiful like me, beautiful like me
Beautiful, beautiful like me
Like me, Like me...
If I was beautiful like you
I'd have so many friends
All fighting for my time to be next in line
So if I hurt one, I wouldn't have to make amends
But that would never be
Never, never, never be
Cause I'm not beautiful like you
I'm not beautiful like you
I'm not beautiful like you
Oh the things I would do
Those not so blessed would be crying out murder
And I'd just laugh and get away with it too
Like you do
If I was beautiful like you
I would never be at fault
I'd walk in the rain between the rain drops
Bringing traffic to a halt
But that would never be
Never, never be
Cause I'm not beautiful like you
I'm beautiful like me, I'm beautiful like me
If I was beautiful like you
I'd be quick to assume
they'd do anything to please me…
I see their reaction when you walk into the room
But that would never be
Never, never, never be
Cause I'm not beautiful like you
I'm beautiful like me, beautiful like me
Beautiful, beautiful like me
Like me, Like me...
If I was beautiful like you
I'd have so many friends
All fighting for my time to be next in line
So if I hurt one, I wouldn't have to make amends
But that would never be
Never, never, never be
Cause I'm not beautiful like you
I'm not beautiful like you
I'm not beautiful like you
miércoles, noviembre 10, 2004
A modo de conclusión (‘El rayo de luna’)...
En ‘El rayo de luna’ Bécquer relata la afanosa búsqueda de lo que sólo tuvo existencia en una imaginación alucinada. Manrique recorre las estrechas y oscuras calles sorianas y espera la llegada del alba para sufrir el primer desengaño. Prosigue la infatigable peregrinación en pos del ideal, mientras comienza a resquebrajarse el muro de su esperanza.
Así, llega a la conclusión de que el amor, la gloria y la felicidad son solo producto de la imaginación febril y desbocada.
Así, llega a la conclusión de que el amor, la gloria y la felicidad son solo producto de la imaginación febril y desbocada.
El rayo de luna (Gustavo Adolfo Bécquer)
Yo no sé si esto es una historia que parece cuento o un cuento que parece historia; lo que puedo decir es que en su fondo hay una verdad, una verdad muy triste, de la que acaso yo seré uno de los últimos en aprovecharme, dadas mis condiciones de imaginación.
Otro, con esta idea, tal vez hubiera hecho un tomo de filosofía lacrimosa; yo he escrito esta leyenda que, a los que nada vean en su fondo, al menos podrá entretenerles un rato.
Era noble, había nacido entre el estruendo de las armas, y el insólito clamor de una trompa de guerra no le hubiera hecho levantar la cabeza un instante ni apartar sus ojos un punto del oscuro pergamino en que leía la última cantiga de un trovador.
Los que quisieran encontrarle, no lo debían buscar en el anchuroso patio de su castillo, donde los palafreneros domaban los potros, los pajes enseñaban a volar a los halcones, y los soldados se entretenían los días de reposo en afilar el hierro de su lanza contra una piedra.
-¿Dónde está Manrique, dónde está vuestro señor? -preguntaba algunas veces su madre.
-No sabemos -respondían sus servidores:- acaso estará en el claustro del monasterio de la Peña, sentado al borde de una tumba, prestando oído a ver si sorprende alguna palabra de la conversación de los muertos; o en el puente, mirando correr unas tras otras las olas del río por debajo de sus arcos; o acurrucado en la quiebra de una roca y entretenido en contar las estrellas del cielo, en seguir una nube con la vista o contemplar los fuegos fatuos que cruzan como exhalaciones sobre el haz de las lagunas. En cualquiera parte estará menos en donde esté todo el mundo.
En efecto, Manrique amaba la soledad, y la amaba de tal modo, que algunas veces hubiera deseado no tener sombra, porque su sombra no le siguiese a todas partes.
Amaba la soledad, porque en su seno, dando rienda suelta a la imaginación, forjaba un mundo fantástico, habitado por extrañas creaciones, hijas de sus delirios y sus ensueños de poeta, tanto, que nunca le habían satisfecho las formas en que pudiera encerrar sus pensamientos, y nunca los había encerrado al escribirlos.
Creía que entre las rojas ascuas del hogar habitaban espíritus de fuego de mil colores, que corrían como insectos de oro a lo largo de los troncos encendidos, o danzaban en una luminosa ronda de chispas en la cúspide de las llamas, y se pasaba las horas muertas sentado en un escabel junto a la alta chimenea gótica, inmóvil y con los ojos fijos en la lumbre.
Creía que en el fondo de las ondas del río, entre los musgos de la fuente y sobre los vapores del lago, vivían unas mujeres misteriosas, hadas, sílfides u ondinas, que exhalaban lamentos y suspiros, o cantaban y se reían en el monótono rumor del agua, rumor que oía en silencio intentando traducirlo.
En las nubes, en el aire, en el fondo de los bosques, en las grietas de las peñas, imaginaba percibir formas o escuchar sonidos misteriosos, formas de seres sobrenaturales, palabras ininteligibles que no podía comprender.
¡Amar! Había nacido para soñar el amor, no para sentirlo. Amaba a todas las mujeres un instante: a ésta porque era rubia, a aquélla porque tenía los labios rojos, a la otra porque se cimbreaba al andar como un junco.
Algunas veces llegaba su delirio hasta el punto de quedarse una noche entera mirando a la luna, que flotaba en el cielo entre un vapor de plata, o a las estrellas que temblaban a lo lejos como los cambiantes de las piedras preciosas. En aquellas largas noches de poético insomnio, exclamaba:
-Si es verdad, como el prior de la Peña me ha dicho, que es posible que esos puntos de luz sean mundos; si es verdad que en ese globo de nácar que rueda sobre las nubes habitan gentes, ¡qué mujeres tan hermosas serán las mujeres de esas regiones luminosas, y yo no podré verlas, y yo no podré amarlas!... ¿Cómo será su hermosura?... ¿Cómo será su amor?...
Manrique no estaba aún lo bastante loco para que le siguiesen los muchachos, pero sí lo suficiente para hablar y gesticular a solas, que es por donde se empieza.
Sobre el Duero, que pasaba lamiendo las carcomidas y oscuras piedras de las murallas de Soria, hay un puente que conduce de la ciudad al antiguo convento de los Templarios, cuyas posesiones se extendían a lo largo de la opuesta margen del río.
En la época a que nos referimos, los caballeros de la Orden habían ya abandonado sus históricas fortalezas; pero aún quedaban en pie los restos de los anchos torreones de sus muros, aún se veían, como en parte se ven hoy, cubiertos de hiedra y campanillas blancas, los macizos arcos de su claustro, las prolongadas galerías ojivales de sus patios de armas, en las que suspiraba el viento con un gemido, agitando las altas hierbas.
En los huertos y en los jardines, cuyos senderos no hollaban hacía muchos años las plantas de los religiosos, la vegetación, abandonada a sí misma, desplegaba todas sus galas, sin temor de que la mano del hombre la mutilase, creyendo embellecerla. Las plantas trepadoras subían encaramándose por los añosos troncos de los árboles; las sombrías calles de álamos, cuyas copas se tocaban y se confundían entre sí, se habían cubierto de césped; los cardos silvestres y las ortigas brotaban en medio de los enarenados caminos, y en dos trozos de fábrica, próximos a desplomarse, el jaramago, flotando al viento como el penacho de una cimera, y las campanillas blancas y azules, balanceándose como en un columpio sobre sus largos y flexibles tallos, pregonaban la victoria de la destrucción y la ruina.
Era de noche; una noche de verano, templada, llena de perfumes y de rumores apacibles, y con una luna blanca y serena, en mitad de un cielo azul, luminoso y transparente.
Manrique, presa su imaginación de un vértigo de poesía, después de atravesar el puente, desde donde contempló un momento la negra silueta de la ciudad, que se destacaba sobre el fondo de algunas nubes blanquecinas y ligeras arrolladas en el horizonte, se internó en las desiertas ruinas de los Templarios.
La media noche tocaba a su punto. La luna, que se había ido remontando lentamente, estaba ya en lo más alto del cielo, cuando al entrar en una oscura alameda que conducía desde el derruido claustro a la margen del Duero, Manrique exhaló un grito leve y ahogado, mezcla extraña de sorpresa, de temor y de júbilo.
En el fondo de la sombría alameda había visto agitarse una cosa blanca, que flotó un momento y desapareció en la oscuridad. La orla del traje de una mujer, de una mujer que había cruzado el sendero y se ocultaba entre el follaje, en el mismo instante en que el loco soñador de quimeras o imposibles penetraba en los jardines.
-¡Una mujer desconocida!... ¡En este sitio!..., ¡a estas horas! Esa, esa es la mujer que yo busco -exclamó Manrique; y se lanzó en su seguimiento, rápido como una saeta.
Llegó al punto en que había visto perderse entre la espesura de las ramas a la mujer misteriosa. Había desaparecido. ¿Por dónde? Allá lejos, muy lejos, creyó divisar por entre los cruzados troncos de los árboles como una claridad o una forma blanca que se movía.
-¡Es ella, es ella, que lleva alas en los pies y huye como una sombra! -dijo, y se precipitó en su busca, separando con las manos las redes de hiedra que se extendían como un tapiz de unos en otros álamos. Llegó rompiendo por entre la maleza y las plantas parásitas hasta una especie de rellano que iluminaba la claridad del cielo... ¡Nadie!
-¡Ah!, por aquí, por aquí va -exclamó entonces-. Oigo sus pisadas sobre las hojas secas, y el crujido de su traje que arrastra por el suelo y roza en los arbustos; -y corría y corría como un loco de aquí para allá, y no la veía. -Pero siguen sonando sus pisadas -murmuró otra vez;- creo que ha hablado; no hay duda, ha hablado... El viento que suspira entre las ramas; las hojas, que parece que rezan en voz baja, me han impedido oír lo que ha dicho; pero no hay duda, va por ahí, ha hablado... ha hablado... ¿En qué idioma? No sé, pero es una lengua extranjera... Y tornó a correr en su seguimiento, unas veces creyendo verla, otras pensando oírla; ya notando que las ramas, por entre las cuales había desaparecido, se movían; ya imaginando distinguir en la arena la huella de sus propios pies; luego, firmemente persuadido de que un perfume especial que aspiraba a intervalos era un aroma perteneciente a aquella mujer que se burlaba de él, complaciéndose en huirle por entre aquellas intrincadas malezas. ¡Afán inútil!
Vagó algunas horas de un lado a otro fuera de sí, ya parándose para escuchar, ya deslizándose con las mayores precauciones sobre la hierba, ya en una carrera frenética y desesperada.
Avanzando, avanzando por entre los inmensos jardines que bordaban la margen del río, llegó al fin al pie de las rocas sobre que se eleva la ermita de San Saturio.
-Tal vez, desde esta altura podré orientarme para seguir mis pesquisas a través de ese confuso laberinto -exclamó trepando de peña en peña con la ayuda de su daga.
Llegó a la cima, desde la que se descubre la ciudad en lontananza y una gran parte del Duero que se retuerce a sus pies, arrastrando una corriente impetuosa y oscura por entre las corvas márgenes que lo encarcelan.
Manrique, una vez en lo alto de las rocas, tendió la vista a su alrededor; pero al tenderla y fijarla al cabo en un punto, no pudo contener una blasfemia.
La luz de la luna rielaba chispeando en la estela que dejaba en pos de sí una barca que se dirigía a todo remo a la orilla opuesta.
En aquella barca había creído distinguir una forma blanca y esbelta, una mujer sin duda, la mujer que había visto en los Templarios, la mujer de sus sueños, la realización de sus más locas esperanzas. Se descolgó de las peñas con la agilidad de un gamo, arrojó al suelo la gorra, cuya redonda y larga pluma podía embarazarle para correr, y desnudándose del ancho capotillo de terciopelo, partió como una exhalación hacia el puente.
Pensaba atravesarlo y llegar a la ciudad antes que la barca tocase en la otra orilla. ¡Locura! Cuando Manrique llegó jadeante y cubierto de sudor a la entrada, ya los que habían atravesado el Duero por la parte de San Saturio, entraban en Soria por una de las puertas del muro, que en aquel tiempo llegaba hasta la margen del río, en cuyas aguas se retrataban sus pardas almenas.
Aunque desvanecida su esperanza de alcanzar a los que habían entrado por el postigo de San Saturio, no por eso nuestro héroe perdió la de saber la casa que en la ciudad podía albergarlos. Fija en su mente esta idea, penetró en la población, y dirigiéndose hacia el barrio de San Juan, comenzó a vagar por sus calles a la ventura.
Las calles de Soria eran entonces, y lo son todavía, estrechas, oscuras y tortuosas. Un silencio profundo reinaba en ellas, silencio que sólo interrumpían, ora el lejano ladrido de un perro; ora el rumor de una puerta al cerrarse, ora el relincho de un corcel que piafando hacía sonar la cadena que le sujetaba al pesebre en las subterráneas caballerizas.
Manrique, con el oído atento a estos rumores de la noche, que unas veces le parecían los pasos de alguna persona que había doblado ya la última esquina de un callejón desierto, otras, voces confusas de gentes que hablaban a sus espaldas y que a cada momento esperaba ver a su lado, anduvo algunas horas, corriendo al azar de un sitio a otro.
Por último, se detuvo al pie de un caserón de piedra, oscuro y antiquísimo, y al detenerse brillaron sus ojos con una indescriptible expresión de alegría. En una de las altas ventanas ojivales de aquel que pudiéramos llamar palacio, se veía un rayo de luz templada y suave que, pasando a través de unas ligeras colgaduras de seda color de rosa, se reflejaba en el negruzco y grieteado paredón de la casa de enfrente.
-No cabe duda; aquí vive mi desconocida -murmuró el joven en voz baja sin apartar un punto sus ojos de la ventana gótica;- aquí vive. Ella entró por el postigo de San Saturio... por el postigo de San Saturio se viene a este barrio... en este barrio hay una casa, donde pasada la media noche aún hay gente en vela... ¿En vela? ¿Quién sino ella, que vuelve de sus nocturnas excursiones, puede estarlo a estas horas?... No hay más; ésta es su casa.
En esta firme persuasión, y revolviendo en su cabeza las más locas y fantásticas imaginaciones, esperó el alba frente a la ventana gótica, de la que en toda la noche no faltó la luz ni él separó la vista un momento.
Cuando llegó el día, las macizas puertas del arco que daba entrada al caserón, y sobre cuya clave se veían esculpidos los blasones de su dueño, giraron pesadamente sobre los goznes, con un chirrido prolongado y agudo. Un escudero reapareció en el dintel con un manojo de llaves en la mano, restregándose los ojos y enseñando al bostezar una caja de dientes capaces de dar envidia a un cocodrilo.
Verle Manrique y lanzarse a la puerta, todo fue obra de un instante.
-¿Quién habita en esta casa? ¿Cómo se llama ella? ¿De dónde es? ¿A qué ha venido a Soria? ¿Tiene esposo? Responde, responde, animal -ésta fue la salutación que, sacudiéndole el brazo violentamente, dirigió al pobre escudero, el cual, después de mirarle un buen espacio de tiempo con ojos espantados y estúpidos, le contestó con voz entrecortada por la sorpresa:
-En esta casa vive el muy honrado señor D. Alonso de Valdecuellos, montero mayor de nuestro señor el rey, que herido en la guerra contra moros, se encuentra en esta ciudad reponiéndose de sus fatigas.
-Pero ¿y su hija? -interrumpió el joven impaciente;- ¿y su hija, o su hermana; o su esposa, o lo que sea?
-No tiene ninguna mujer consigo.
-¡No tiene ninguna!... Pues ¿quién duerme allí en aquel aposento, donde toda la noche he visto arder una luz?
-¿Allí? Allí duerme mi señor D. Alonso, que, como se halla enfermo, mantiene encendida su lámpara hasta que amanece.
Un rayo cayendo de improviso a sus pies no le hubiera causado más asombro que el que le causaron estas palabras.
-Yo la he de encontrar, la he de encontrar; y si la encuentro, estoy casi seguro de que he de conocerla... ¿En qué?... Eso es lo que no podré decir... pero he de conocerla. El eco de sus pisadas o una sola palabra suya que vuelva a oír, un extremo de su traje, un solo extremo que vuelva a ver, me bastarán para conseguirlo. Noche y día estoy mirando flotar delante de mis ojos aquellos pliegues de una tela diáfana y blanquísima; noche y día me están sonando aquí dentro, dentro de la cabeza, el crujido de su traje, el confuso rumor de sus ininteligibles palabras... ¿Qué dijo?... ¿qué dijo? ¡Ah!, si yo pudiera saber lo que dijo, acaso... pero aún sin saberlo la encontraré... la encontraré; me lo da el corazón, y mi corazón no me engaña nunca. Verdad es que ya he recorrido inútilmente todas las calles de Soria; que he pasado noches y noches al sereno, hecho poste de una esquina; que he gastado más de veinte doblas en oro en hacer charlar a dueñas y escuderos; que he dado agua bendita en San Nicolás a una vieja, arrebujada con tal arte en su manto de anascote, que se me figuró una deidad; y al salir de la Colegiata una noche de maitines, he seguido como un tonto la litera del arcediano, creyendo que el extremo de sus holapandas era el del traje de mi desconocida; pero no importa... yo la he de encontrar, y la gloria de poseerla excederá seguramente al trabajo de buscarla.
¿Cómo serán sus ojos?... Deben de ser azules, azules y húmedos como el cielo de la noche; me gustan tanto los ojos de ese color; son tan expresivos, tan melancólicos, tan... Sí... no hay duda; azules deben de ser, azules son, seguramente; y sus cabellos negros, muy negros y largos para que floten... Me parece que los vi flotar aquella noche, al par que su traje, y eran negros... no me engaño, no; eran negros.
¡Y qué bien sientan unos ojos azules, muy rasgados y adormidos, y una cabellera suelta, flotante y oscura, a una mujer alta... porque... ella es alta, alta y esbelta como esos ángeles de las portadas de nuestras basílicas, cuyos ovalados rostros envuelven en un misterioso crepúsculo las sombras de sus doseles de granito! ¡Su voz!... su voz la he oído... su voz es suave como el rumor del viento en las hojas de los álamos, y su andar acompasado y majestuoso como las cadencias de una música.
Y esa mujer, que es hermosa como el más hermoso de mis sueños de adolescente, que piensa como yo pienso, que gusta como yo gusto, que odia lo que yo odio, que es un espíritu humano de mi espíritu, que es el complemento de mi ser, ¿no se ha de sentir conmovida al encontrarme? ¿No me ha de amar como yo la amaré, como la amo ya, con todas las fuerzas de mi vida, con todas las facultades de mi alma?
Vamos, vamos al sitio donde la vi la primera y única vez que le he visto... ¿Quién sabe si, caprichosa como yo, amiga de la soledad y el misterio, como todas las almas soñadoras, se complace en vagar por entre las ruinas, en el silencio de la noche?
Dos meses habían transcurrido desde que el escudero de D. Alonso de Valdecuellos desengañó al iluso Manrique; dos meses durante los cuales en cada hora había formado un castillo en el aire, que la realidad desvanecía con un soplo; dos meses, durante los cuales había buscado en vano a aquella mujer desconocida, cuyo absurdo amor iba creciendo en su alma, merced a sus aún más absurdas imaginaciones, cuando después de atravesar absorto en estas ideas el puente que conduce a los Templarios, el enamorado joven se perdió entre las intrincadas sendas de sus jardines.
La noche estaba serena y hermosa, la luna brillaba en toda su plenitud en lo más alto del cielo, y el viento suspiraba con un rumor dulcísimo entre las hojas de los árboles.
Manrique llegó al claustro, tendió la vista por su recinto y miró a través de las macizas columnas de sus arcadas... Estaba desierto.
Salió de él, encaminó sus pasos hacia la oscura alameda que conduce al Duero, y aún no había penetrado en ella, cuando de sus labios se escapó un grito de júbilo.
Había visto flotar un instante y desaparecer el extremo del traje blanco, del traje blanco de la mujer de sus sueños, de la mujer que ya amaba como un loco.
Corre, corre en su busca, llega al sitio en que la ha visto desaparecer; pero al llegar se detiene, fija los espantados ojos en el suelo, permanece un rato inmóvil; un ligero temblor nervioso agita sus miembros, un temblor que va creciendo, que va creciendo y ofrece los síntomas de una verdadera convulsión, y prorrumpe al fin una carcajada, una carcajada sonora, estridente, horrible.
Aquella cosa blanca, ligera, flotante, había vuelto a brillar ante sus ojos, pero había brillado a sus pies un instante, no más que un instante.
Era un rayo de luna, un rayo de luna que penetraba a intervalos por entre la verde bóveda de los árboles cuando el viento movía sus ramas.
Habían pasado algunos años. Manrique, sentado en un sitial junto a la alta chimenea gótica de su castillo, inmóvil casi y con una mirada vaga e inquieta como la de un idiota, apenas prestaba atención ni a las caricias de su madre, ni a los consuelos de sus servidores.
-Tú eres joven, tú eres hermoso -le decía aquélla;- ¿por qué te consumes en la soledad? ¿Por qué no buscas una mujer a quien ames, y que amándote pueda hacerte feliz?
-¡El amor!... El amor es un rayo de luna -murmuraba el joven.
-¿Por qué no despertáis de ese letargo? -le decía uno de sus escuderos;- os vestís de hierro de pies a cabeza, mandáis desplegar al aire vuestro pendón de ricohombre, y marchamos a la guerra: en la guerra se encuentra la gloria.
-¡La gloria!... La gloria es un rayo de luna.
-¿Queréis que os diga una cantiga, la última que ha compuesto mosén Arnaldo, el trovador provenzal?
-¡No! ¡No! -exclamó el joven incorporándose colérico en su sitial-; no quiero nada... es decir, sí quiero... quiero que me dejéis solo... Cantigas... mujeres... glorias... felicidad... mentiras todo, fantasmas vanos que formamos en nuestra imaginación y vestimos a nuestro antojo, y los amamos y corremos tras ellos, ¿para qué?, ¿para qué?, para encontrar un rayo de luna.
Manrique estaba loco: por lo menos, todo el mundo lo creía así. A mí, por el contrario, se me figuraba que lo que había hecho era recuperar el juicio.
Otro, con esta idea, tal vez hubiera hecho un tomo de filosofía lacrimosa; yo he escrito esta leyenda que, a los que nada vean en su fondo, al menos podrá entretenerles un rato.
Era noble, había nacido entre el estruendo de las armas, y el insólito clamor de una trompa de guerra no le hubiera hecho levantar la cabeza un instante ni apartar sus ojos un punto del oscuro pergamino en que leía la última cantiga de un trovador.
Los que quisieran encontrarle, no lo debían buscar en el anchuroso patio de su castillo, donde los palafreneros domaban los potros, los pajes enseñaban a volar a los halcones, y los soldados se entretenían los días de reposo en afilar el hierro de su lanza contra una piedra.
-¿Dónde está Manrique, dónde está vuestro señor? -preguntaba algunas veces su madre.
-No sabemos -respondían sus servidores:- acaso estará en el claustro del monasterio de la Peña, sentado al borde de una tumba, prestando oído a ver si sorprende alguna palabra de la conversación de los muertos; o en el puente, mirando correr unas tras otras las olas del río por debajo de sus arcos; o acurrucado en la quiebra de una roca y entretenido en contar las estrellas del cielo, en seguir una nube con la vista o contemplar los fuegos fatuos que cruzan como exhalaciones sobre el haz de las lagunas. En cualquiera parte estará menos en donde esté todo el mundo.
En efecto, Manrique amaba la soledad, y la amaba de tal modo, que algunas veces hubiera deseado no tener sombra, porque su sombra no le siguiese a todas partes.
Amaba la soledad, porque en su seno, dando rienda suelta a la imaginación, forjaba un mundo fantástico, habitado por extrañas creaciones, hijas de sus delirios y sus ensueños de poeta, tanto, que nunca le habían satisfecho las formas en que pudiera encerrar sus pensamientos, y nunca los había encerrado al escribirlos.
Creía que entre las rojas ascuas del hogar habitaban espíritus de fuego de mil colores, que corrían como insectos de oro a lo largo de los troncos encendidos, o danzaban en una luminosa ronda de chispas en la cúspide de las llamas, y se pasaba las horas muertas sentado en un escabel junto a la alta chimenea gótica, inmóvil y con los ojos fijos en la lumbre.
Creía que en el fondo de las ondas del río, entre los musgos de la fuente y sobre los vapores del lago, vivían unas mujeres misteriosas, hadas, sílfides u ondinas, que exhalaban lamentos y suspiros, o cantaban y se reían en el monótono rumor del agua, rumor que oía en silencio intentando traducirlo.
En las nubes, en el aire, en el fondo de los bosques, en las grietas de las peñas, imaginaba percibir formas o escuchar sonidos misteriosos, formas de seres sobrenaturales, palabras ininteligibles que no podía comprender.
¡Amar! Había nacido para soñar el amor, no para sentirlo. Amaba a todas las mujeres un instante: a ésta porque era rubia, a aquélla porque tenía los labios rojos, a la otra porque se cimbreaba al andar como un junco.
Algunas veces llegaba su delirio hasta el punto de quedarse una noche entera mirando a la luna, que flotaba en el cielo entre un vapor de plata, o a las estrellas que temblaban a lo lejos como los cambiantes de las piedras preciosas. En aquellas largas noches de poético insomnio, exclamaba:
-Si es verdad, como el prior de la Peña me ha dicho, que es posible que esos puntos de luz sean mundos; si es verdad que en ese globo de nácar que rueda sobre las nubes habitan gentes, ¡qué mujeres tan hermosas serán las mujeres de esas regiones luminosas, y yo no podré verlas, y yo no podré amarlas!... ¿Cómo será su hermosura?... ¿Cómo será su amor?...
Manrique no estaba aún lo bastante loco para que le siguiesen los muchachos, pero sí lo suficiente para hablar y gesticular a solas, que es por donde se empieza.
Sobre el Duero, que pasaba lamiendo las carcomidas y oscuras piedras de las murallas de Soria, hay un puente que conduce de la ciudad al antiguo convento de los Templarios, cuyas posesiones se extendían a lo largo de la opuesta margen del río.
En la época a que nos referimos, los caballeros de la Orden habían ya abandonado sus históricas fortalezas; pero aún quedaban en pie los restos de los anchos torreones de sus muros, aún se veían, como en parte se ven hoy, cubiertos de hiedra y campanillas blancas, los macizos arcos de su claustro, las prolongadas galerías ojivales de sus patios de armas, en las que suspiraba el viento con un gemido, agitando las altas hierbas.
En los huertos y en los jardines, cuyos senderos no hollaban hacía muchos años las plantas de los religiosos, la vegetación, abandonada a sí misma, desplegaba todas sus galas, sin temor de que la mano del hombre la mutilase, creyendo embellecerla. Las plantas trepadoras subían encaramándose por los añosos troncos de los árboles; las sombrías calles de álamos, cuyas copas se tocaban y se confundían entre sí, se habían cubierto de césped; los cardos silvestres y las ortigas brotaban en medio de los enarenados caminos, y en dos trozos de fábrica, próximos a desplomarse, el jaramago, flotando al viento como el penacho de una cimera, y las campanillas blancas y azules, balanceándose como en un columpio sobre sus largos y flexibles tallos, pregonaban la victoria de la destrucción y la ruina.
Era de noche; una noche de verano, templada, llena de perfumes y de rumores apacibles, y con una luna blanca y serena, en mitad de un cielo azul, luminoso y transparente.
Manrique, presa su imaginación de un vértigo de poesía, después de atravesar el puente, desde donde contempló un momento la negra silueta de la ciudad, que se destacaba sobre el fondo de algunas nubes blanquecinas y ligeras arrolladas en el horizonte, se internó en las desiertas ruinas de los Templarios.
La media noche tocaba a su punto. La luna, que se había ido remontando lentamente, estaba ya en lo más alto del cielo, cuando al entrar en una oscura alameda que conducía desde el derruido claustro a la margen del Duero, Manrique exhaló un grito leve y ahogado, mezcla extraña de sorpresa, de temor y de júbilo.
En el fondo de la sombría alameda había visto agitarse una cosa blanca, que flotó un momento y desapareció en la oscuridad. La orla del traje de una mujer, de una mujer que había cruzado el sendero y se ocultaba entre el follaje, en el mismo instante en que el loco soñador de quimeras o imposibles penetraba en los jardines.
-¡Una mujer desconocida!... ¡En este sitio!..., ¡a estas horas! Esa, esa es la mujer que yo busco -exclamó Manrique; y se lanzó en su seguimiento, rápido como una saeta.
Llegó al punto en que había visto perderse entre la espesura de las ramas a la mujer misteriosa. Había desaparecido. ¿Por dónde? Allá lejos, muy lejos, creyó divisar por entre los cruzados troncos de los árboles como una claridad o una forma blanca que se movía.
-¡Es ella, es ella, que lleva alas en los pies y huye como una sombra! -dijo, y se precipitó en su busca, separando con las manos las redes de hiedra que se extendían como un tapiz de unos en otros álamos. Llegó rompiendo por entre la maleza y las plantas parásitas hasta una especie de rellano que iluminaba la claridad del cielo... ¡Nadie!
-¡Ah!, por aquí, por aquí va -exclamó entonces-. Oigo sus pisadas sobre las hojas secas, y el crujido de su traje que arrastra por el suelo y roza en los arbustos; -y corría y corría como un loco de aquí para allá, y no la veía. -Pero siguen sonando sus pisadas -murmuró otra vez;- creo que ha hablado; no hay duda, ha hablado... El viento que suspira entre las ramas; las hojas, que parece que rezan en voz baja, me han impedido oír lo que ha dicho; pero no hay duda, va por ahí, ha hablado... ha hablado... ¿En qué idioma? No sé, pero es una lengua extranjera... Y tornó a correr en su seguimiento, unas veces creyendo verla, otras pensando oírla; ya notando que las ramas, por entre las cuales había desaparecido, se movían; ya imaginando distinguir en la arena la huella de sus propios pies; luego, firmemente persuadido de que un perfume especial que aspiraba a intervalos era un aroma perteneciente a aquella mujer que se burlaba de él, complaciéndose en huirle por entre aquellas intrincadas malezas. ¡Afán inútil!
Vagó algunas horas de un lado a otro fuera de sí, ya parándose para escuchar, ya deslizándose con las mayores precauciones sobre la hierba, ya en una carrera frenética y desesperada.
Avanzando, avanzando por entre los inmensos jardines que bordaban la margen del río, llegó al fin al pie de las rocas sobre que se eleva la ermita de San Saturio.
-Tal vez, desde esta altura podré orientarme para seguir mis pesquisas a través de ese confuso laberinto -exclamó trepando de peña en peña con la ayuda de su daga.
Llegó a la cima, desde la que se descubre la ciudad en lontananza y una gran parte del Duero que se retuerce a sus pies, arrastrando una corriente impetuosa y oscura por entre las corvas márgenes que lo encarcelan.
Manrique, una vez en lo alto de las rocas, tendió la vista a su alrededor; pero al tenderla y fijarla al cabo en un punto, no pudo contener una blasfemia.
La luz de la luna rielaba chispeando en la estela que dejaba en pos de sí una barca que se dirigía a todo remo a la orilla opuesta.
En aquella barca había creído distinguir una forma blanca y esbelta, una mujer sin duda, la mujer que había visto en los Templarios, la mujer de sus sueños, la realización de sus más locas esperanzas. Se descolgó de las peñas con la agilidad de un gamo, arrojó al suelo la gorra, cuya redonda y larga pluma podía embarazarle para correr, y desnudándose del ancho capotillo de terciopelo, partió como una exhalación hacia el puente.
Pensaba atravesarlo y llegar a la ciudad antes que la barca tocase en la otra orilla. ¡Locura! Cuando Manrique llegó jadeante y cubierto de sudor a la entrada, ya los que habían atravesado el Duero por la parte de San Saturio, entraban en Soria por una de las puertas del muro, que en aquel tiempo llegaba hasta la margen del río, en cuyas aguas se retrataban sus pardas almenas.
Aunque desvanecida su esperanza de alcanzar a los que habían entrado por el postigo de San Saturio, no por eso nuestro héroe perdió la de saber la casa que en la ciudad podía albergarlos. Fija en su mente esta idea, penetró en la población, y dirigiéndose hacia el barrio de San Juan, comenzó a vagar por sus calles a la ventura.
Las calles de Soria eran entonces, y lo son todavía, estrechas, oscuras y tortuosas. Un silencio profundo reinaba en ellas, silencio que sólo interrumpían, ora el lejano ladrido de un perro; ora el rumor de una puerta al cerrarse, ora el relincho de un corcel que piafando hacía sonar la cadena que le sujetaba al pesebre en las subterráneas caballerizas.
Manrique, con el oído atento a estos rumores de la noche, que unas veces le parecían los pasos de alguna persona que había doblado ya la última esquina de un callejón desierto, otras, voces confusas de gentes que hablaban a sus espaldas y que a cada momento esperaba ver a su lado, anduvo algunas horas, corriendo al azar de un sitio a otro.
Por último, se detuvo al pie de un caserón de piedra, oscuro y antiquísimo, y al detenerse brillaron sus ojos con una indescriptible expresión de alegría. En una de las altas ventanas ojivales de aquel que pudiéramos llamar palacio, se veía un rayo de luz templada y suave que, pasando a través de unas ligeras colgaduras de seda color de rosa, se reflejaba en el negruzco y grieteado paredón de la casa de enfrente.
-No cabe duda; aquí vive mi desconocida -murmuró el joven en voz baja sin apartar un punto sus ojos de la ventana gótica;- aquí vive. Ella entró por el postigo de San Saturio... por el postigo de San Saturio se viene a este barrio... en este barrio hay una casa, donde pasada la media noche aún hay gente en vela... ¿En vela? ¿Quién sino ella, que vuelve de sus nocturnas excursiones, puede estarlo a estas horas?... No hay más; ésta es su casa.
En esta firme persuasión, y revolviendo en su cabeza las más locas y fantásticas imaginaciones, esperó el alba frente a la ventana gótica, de la que en toda la noche no faltó la luz ni él separó la vista un momento.
Cuando llegó el día, las macizas puertas del arco que daba entrada al caserón, y sobre cuya clave se veían esculpidos los blasones de su dueño, giraron pesadamente sobre los goznes, con un chirrido prolongado y agudo. Un escudero reapareció en el dintel con un manojo de llaves en la mano, restregándose los ojos y enseñando al bostezar una caja de dientes capaces de dar envidia a un cocodrilo.
Verle Manrique y lanzarse a la puerta, todo fue obra de un instante.
-¿Quién habita en esta casa? ¿Cómo se llama ella? ¿De dónde es? ¿A qué ha venido a Soria? ¿Tiene esposo? Responde, responde, animal -ésta fue la salutación que, sacudiéndole el brazo violentamente, dirigió al pobre escudero, el cual, después de mirarle un buen espacio de tiempo con ojos espantados y estúpidos, le contestó con voz entrecortada por la sorpresa:
-En esta casa vive el muy honrado señor D. Alonso de Valdecuellos, montero mayor de nuestro señor el rey, que herido en la guerra contra moros, se encuentra en esta ciudad reponiéndose de sus fatigas.
-Pero ¿y su hija? -interrumpió el joven impaciente;- ¿y su hija, o su hermana; o su esposa, o lo que sea?
-No tiene ninguna mujer consigo.
-¡No tiene ninguna!... Pues ¿quién duerme allí en aquel aposento, donde toda la noche he visto arder una luz?
-¿Allí? Allí duerme mi señor D. Alonso, que, como se halla enfermo, mantiene encendida su lámpara hasta que amanece.
Un rayo cayendo de improviso a sus pies no le hubiera causado más asombro que el que le causaron estas palabras.
-Yo la he de encontrar, la he de encontrar; y si la encuentro, estoy casi seguro de que he de conocerla... ¿En qué?... Eso es lo que no podré decir... pero he de conocerla. El eco de sus pisadas o una sola palabra suya que vuelva a oír, un extremo de su traje, un solo extremo que vuelva a ver, me bastarán para conseguirlo. Noche y día estoy mirando flotar delante de mis ojos aquellos pliegues de una tela diáfana y blanquísima; noche y día me están sonando aquí dentro, dentro de la cabeza, el crujido de su traje, el confuso rumor de sus ininteligibles palabras... ¿Qué dijo?... ¿qué dijo? ¡Ah!, si yo pudiera saber lo que dijo, acaso... pero aún sin saberlo la encontraré... la encontraré; me lo da el corazón, y mi corazón no me engaña nunca. Verdad es que ya he recorrido inútilmente todas las calles de Soria; que he pasado noches y noches al sereno, hecho poste de una esquina; que he gastado más de veinte doblas en oro en hacer charlar a dueñas y escuderos; que he dado agua bendita en San Nicolás a una vieja, arrebujada con tal arte en su manto de anascote, que se me figuró una deidad; y al salir de la Colegiata una noche de maitines, he seguido como un tonto la litera del arcediano, creyendo que el extremo de sus holapandas era el del traje de mi desconocida; pero no importa... yo la he de encontrar, y la gloria de poseerla excederá seguramente al trabajo de buscarla.
¿Cómo serán sus ojos?... Deben de ser azules, azules y húmedos como el cielo de la noche; me gustan tanto los ojos de ese color; son tan expresivos, tan melancólicos, tan... Sí... no hay duda; azules deben de ser, azules son, seguramente; y sus cabellos negros, muy negros y largos para que floten... Me parece que los vi flotar aquella noche, al par que su traje, y eran negros... no me engaño, no; eran negros.
¡Y qué bien sientan unos ojos azules, muy rasgados y adormidos, y una cabellera suelta, flotante y oscura, a una mujer alta... porque... ella es alta, alta y esbelta como esos ángeles de las portadas de nuestras basílicas, cuyos ovalados rostros envuelven en un misterioso crepúsculo las sombras de sus doseles de granito! ¡Su voz!... su voz la he oído... su voz es suave como el rumor del viento en las hojas de los álamos, y su andar acompasado y majestuoso como las cadencias de una música.
Y esa mujer, que es hermosa como el más hermoso de mis sueños de adolescente, que piensa como yo pienso, que gusta como yo gusto, que odia lo que yo odio, que es un espíritu humano de mi espíritu, que es el complemento de mi ser, ¿no se ha de sentir conmovida al encontrarme? ¿No me ha de amar como yo la amaré, como la amo ya, con todas las fuerzas de mi vida, con todas las facultades de mi alma?
Vamos, vamos al sitio donde la vi la primera y única vez que le he visto... ¿Quién sabe si, caprichosa como yo, amiga de la soledad y el misterio, como todas las almas soñadoras, se complace en vagar por entre las ruinas, en el silencio de la noche?
Dos meses habían transcurrido desde que el escudero de D. Alonso de Valdecuellos desengañó al iluso Manrique; dos meses durante los cuales en cada hora había formado un castillo en el aire, que la realidad desvanecía con un soplo; dos meses, durante los cuales había buscado en vano a aquella mujer desconocida, cuyo absurdo amor iba creciendo en su alma, merced a sus aún más absurdas imaginaciones, cuando después de atravesar absorto en estas ideas el puente que conduce a los Templarios, el enamorado joven se perdió entre las intrincadas sendas de sus jardines.
La noche estaba serena y hermosa, la luna brillaba en toda su plenitud en lo más alto del cielo, y el viento suspiraba con un rumor dulcísimo entre las hojas de los árboles.
Manrique llegó al claustro, tendió la vista por su recinto y miró a través de las macizas columnas de sus arcadas... Estaba desierto.
Salió de él, encaminó sus pasos hacia la oscura alameda que conduce al Duero, y aún no había penetrado en ella, cuando de sus labios se escapó un grito de júbilo.
Había visto flotar un instante y desaparecer el extremo del traje blanco, del traje blanco de la mujer de sus sueños, de la mujer que ya amaba como un loco.
Corre, corre en su busca, llega al sitio en que la ha visto desaparecer; pero al llegar se detiene, fija los espantados ojos en el suelo, permanece un rato inmóvil; un ligero temblor nervioso agita sus miembros, un temblor que va creciendo, que va creciendo y ofrece los síntomas de una verdadera convulsión, y prorrumpe al fin una carcajada, una carcajada sonora, estridente, horrible.
Aquella cosa blanca, ligera, flotante, había vuelto a brillar ante sus ojos, pero había brillado a sus pies un instante, no más que un instante.
Era un rayo de luna, un rayo de luna que penetraba a intervalos por entre la verde bóveda de los árboles cuando el viento movía sus ramas.
Habían pasado algunos años. Manrique, sentado en un sitial junto a la alta chimenea gótica de su castillo, inmóvil casi y con una mirada vaga e inquieta como la de un idiota, apenas prestaba atención ni a las caricias de su madre, ni a los consuelos de sus servidores.
-Tú eres joven, tú eres hermoso -le decía aquélla;- ¿por qué te consumes en la soledad? ¿Por qué no buscas una mujer a quien ames, y que amándote pueda hacerte feliz?
-¡El amor!... El amor es un rayo de luna -murmuraba el joven.
-¿Por qué no despertáis de ese letargo? -le decía uno de sus escuderos;- os vestís de hierro de pies a cabeza, mandáis desplegar al aire vuestro pendón de ricohombre, y marchamos a la guerra: en la guerra se encuentra la gloria.
-¡La gloria!... La gloria es un rayo de luna.
-¿Queréis que os diga una cantiga, la última que ha compuesto mosén Arnaldo, el trovador provenzal?
-¡No! ¡No! -exclamó el joven incorporándose colérico en su sitial-; no quiero nada... es decir, sí quiero... quiero que me dejéis solo... Cantigas... mujeres... glorias... felicidad... mentiras todo, fantasmas vanos que formamos en nuestra imaginación y vestimos a nuestro antojo, y los amamos y corremos tras ellos, ¿para qué?, ¿para qué?, para encontrar un rayo de luna.
Manrique estaba loco: por lo menos, todo el mundo lo creía así. A mí, por el contrario, se me figuraba que lo que había hecho era recuperar el juicio.
miércoles, octubre 27, 2004
I'm Only Happy When it Rains (Garbage)
I'm only happy when it rains
I'm only happy when it's complicated
And though I know you can't appreciate it
I'm only happy when it rains
You know I love it when the news is bad
Why it feels so good to feel so sad
I'm only happy when it rains
Pour your misery down
Pour your misery down on me
Pour your misery down
Pour your misery down on me
I'm only happy when it rains
I feel good when things are going wrong
I only listen to the sad, sad songs
I'm only happy when it rains
I only smile in the dark
My only comfort is the night gone black
I didn't [accidentally?] tell you that
I'm only happy when it rains
You'll get the message by the time I'm through
When I complain about me and you
I'm only happy when it rains
Pour your misery down
(Pour your misery down)
Pour your misery down on me
(Pour your misery down)
Pour your misery down
(Pour your misery down)
Pour your misery down on me
(Pour your misery down)
Pour your misery down
(Pour your misery down)
Pour your misery down on me
(Pour your misery down)
Pour your misery down
(Pour your misery down)
(You can keep it over me
As long as you don't care
I'm only happy when it rains
You wanna hear about my new obsession?
I'm riding high upon a deep depression
I'm only happy when it rains
Pour some misery down on me
I'm only happy when it rains...
I'm only happy when it's complicated
And though I know you can't appreciate it
I'm only happy when it rains
You know I love it when the news is bad
Why it feels so good to feel so sad
I'm only happy when it rains
Pour your misery down
Pour your misery down on me
Pour your misery down
Pour your misery down on me
I'm only happy when it rains
I feel good when things are going wrong
I only listen to the sad, sad songs
I'm only happy when it rains
I only smile in the dark
My only comfort is the night gone black
I didn't [accidentally?] tell you that
I'm only happy when it rains
You'll get the message by the time I'm through
When I complain about me and you
I'm only happy when it rains
Pour your misery down
(Pour your misery down)
Pour your misery down on me
(Pour your misery down)
Pour your misery down
(Pour your misery down)
Pour your misery down on me
(Pour your misery down)
Pour your misery down
(Pour your misery down)
Pour your misery down on me
(Pour your misery down)
Pour your misery down
(Pour your misery down)
(You can keep it over me
As long as you don't care
I'm only happy when it rains
You wanna hear about my new obsession?
I'm riding high upon a deep depression
I'm only happy when it rains
Pour some misery down on me
I'm only happy when it rains...
domingo, octubre 24, 2004
¿Fobia sexual?
He estado pensando acerca de lo q me sucede y creo q lleva el nombre de FOBIA SEXUAL.
'El rasgo de una fobia sexual es el temor persistente, asociado al deseo compulsivo de evitar sensaciones o experiencias sexuales, y que el individuo reconoce como irracional. Los fóbicos pueden no soportar los genitales, las secreciones y olores genitales, penetrar o ser penetrados, el orgasmo, ser vistos desnudos, el beso, la masturbación, el embarazo, el sexo oral. Hay quienes lo evitan por completo y son vírgenes toda la vida.'
Eso se suma a mi fobia social (timidez exacerbada que se caracteriza por un temor continuo e incontrolable a enfrentar determinadas situaciones sociales) y a mi depresión.
Q bueno...¿alguna otra patología más? Q vida de mierda...
A veces trato de explicarle a la gente lo q me pasa...y obviamente, nadie comprende...y me tildan de 'rara'...lo cual es entendible...pero bueno...será cuestión de memorizar la definición q escribí al principio...y transmitirla...aunq de todos modos no entenderían...
'El rasgo de una fobia sexual es el temor persistente, asociado al deseo compulsivo de evitar sensaciones o experiencias sexuales, y que el individuo reconoce como irracional. Los fóbicos pueden no soportar los genitales, las secreciones y olores genitales, penetrar o ser penetrados, el orgasmo, ser vistos desnudos, el beso, la masturbación, el embarazo, el sexo oral. Hay quienes lo evitan por completo y son vírgenes toda la vida.'
Eso se suma a mi fobia social (timidez exacerbada que se caracteriza por un temor continuo e incontrolable a enfrentar determinadas situaciones sociales) y a mi depresión.
Q bueno...¿alguna otra patología más? Q vida de mierda...
A veces trato de explicarle a la gente lo q me pasa...y obviamente, nadie comprende...y me tildan de 'rara'...lo cual es entendible...pero bueno...será cuestión de memorizar la definición q escribí al principio...y transmitirla...aunq de todos modos no entenderían...
sábado, octubre 16, 2004
Analizando un ensayo del escritor Nicolás Fiks...
Fiks dice: ‘Hace tiempo que dejé de prestarle atención a los conflictos de las personas. Sus “la vida apesta” me tienen sin cuidado, puesto que a los pocos días, y gracias a algún acontecimiento exterior, todo cambia.
Me repugnan en verdad sus quejas, sus dolores, sus temores, que son fruto del afuera, de los cientos de demonios que pululan en la sociedad, o que bien hicieron su faena en el pasado marcando la vida del pobre infeliz.
No es que le reste importancia al martirio que significa cohabitar con fantasmas, sólo que estoy persuadido de que son exteriores, que vinieron gracias al prójimo, por lo tanto, eliminando el contacto con el móvil conductor de las penas (sea padres, parejas, etc), todo termina.’
[Aquí no estoy de acuerdo...hay traumas q jamás desaparecen...aunq la persona q los haya causado se haya alejado de nosotros.]
‘...hay algo mucho peor que tener una infancia desdichada, y es haberla tenido feliz, y sin embargo considerarse la basura más repugnante de la faz de la tierra.
Vos muchas veces no entendiste el por qué de mis quejas y anatemas, puesto que comparándome con mis amigos y allegados, tengo una situación privilegiada.
Justamente allí radica el conflicto capital: sentirse mal sin motivo...¿qué otra cosa es la depresión sino eso?...’
‘...Nada en verdad puede alterar a una persona melancólica, y pese a que en ocasiones ría, proyecte y hasta concrete, verá en cada paso un nuevo grillete; sus laureles serán motivo de desesperación tanto o más que si cayera en el lodazal del olvido.
¿Querés rematar una vida atribulada? Dale fama, dale éxito, hacé que todos sus sueños se hagan realidad, y te aseguro que perecerá en su dorada telaraña...’
[Hace algunos años yo pensaba lo mismo, creía q con un poco de fama y dinero yo podría ser una persona feliz...
Hoy no pienso así...considero q el motivo de mi desdicha habita en mi forma de ser, en mi manera de ver las cosas...y ésto lo voy a llevar conmigo hasta el día en q me muera...
Aunq hubiese tenido un cuerpo de supermodelo y unos cuantos millones de dólares en mi poder...probablemente seguiría siendo la misma infeliz...
Así q no se en cual de las dos categorías q describe Fiks debería ubicarme...supongo q soy una ‘melancólica de nacimiento’...]
Voy a finalizar citando unas últimas palabras del escritor más arriba mencionado...
‘no te conmuevas demasiado por los soliloquios de los “tristes por una semana”, y compadecete de aquellos que siempre brillan, que tienen a todos alrededor aplaudiendo sus bromas y vivando su genio; contemplá con lástima a los hombres que logran lo que se proponen y que son motivo de envidia: ellos, querido amigo, son los únicos condenados de esta vida, y los únicos también, que ninguna sangra redimió.
¿Qué puede haber peor que saber que uno es todo, y sentirse que no es nada? ¿Qué castigo supera a la enemistad entre el pensar y el sentir? ¿A esa lucha gigantomaquia entre una mente engañada y un corazón lúcido?’
Nada más...
Me repugnan en verdad sus quejas, sus dolores, sus temores, que son fruto del afuera, de los cientos de demonios que pululan en la sociedad, o que bien hicieron su faena en el pasado marcando la vida del pobre infeliz.
No es que le reste importancia al martirio que significa cohabitar con fantasmas, sólo que estoy persuadido de que son exteriores, que vinieron gracias al prójimo, por lo tanto, eliminando el contacto con el móvil conductor de las penas (sea padres, parejas, etc), todo termina.’
[Aquí no estoy de acuerdo...hay traumas q jamás desaparecen...aunq la persona q los haya causado se haya alejado de nosotros.]
‘...hay algo mucho peor que tener una infancia desdichada, y es haberla tenido feliz, y sin embargo considerarse la basura más repugnante de la faz de la tierra.
Vos muchas veces no entendiste el por qué de mis quejas y anatemas, puesto que comparándome con mis amigos y allegados, tengo una situación privilegiada.
Justamente allí radica el conflicto capital: sentirse mal sin motivo...¿qué otra cosa es la depresión sino eso?...’
‘...Nada en verdad puede alterar a una persona melancólica, y pese a que en ocasiones ría, proyecte y hasta concrete, verá en cada paso un nuevo grillete; sus laureles serán motivo de desesperación tanto o más que si cayera en el lodazal del olvido.
¿Querés rematar una vida atribulada? Dale fama, dale éxito, hacé que todos sus sueños se hagan realidad, y te aseguro que perecerá en su dorada telaraña...’
[Hace algunos años yo pensaba lo mismo, creía q con un poco de fama y dinero yo podría ser una persona feliz...
Hoy no pienso así...considero q el motivo de mi desdicha habita en mi forma de ser, en mi manera de ver las cosas...y ésto lo voy a llevar conmigo hasta el día en q me muera...
Aunq hubiese tenido un cuerpo de supermodelo y unos cuantos millones de dólares en mi poder...probablemente seguiría siendo la misma infeliz...
Así q no se en cual de las dos categorías q describe Fiks debería ubicarme...supongo q soy una ‘melancólica de nacimiento’...]
Voy a finalizar citando unas últimas palabras del escritor más arriba mencionado...
‘no te conmuevas demasiado por los soliloquios de los “tristes por una semana”, y compadecete de aquellos que siempre brillan, que tienen a todos alrededor aplaudiendo sus bromas y vivando su genio; contemplá con lástima a los hombres que logran lo que se proponen y que son motivo de envidia: ellos, querido amigo, son los únicos condenados de esta vida, y los únicos también, que ninguna sangra redimió.
¿Qué puede haber peor que saber que uno es todo, y sentirse que no es nada? ¿Qué castigo supera a la enemistad entre el pensar y el sentir? ¿A esa lucha gigantomaquia entre una mente engañada y un corazón lúcido?’
Nada más...
viernes, octubre 15, 2004
VOLVER A HACER TERAPIA
He decidido seguir los consejos de mis padres y de mi psiquiatra...y VOLVER A HACER TERAPIA...aunq me pese...
La verdad es q yo no creo en los psicologos ya q he ido a diferentes terapeutas a lo largo de mi vida y ninguno me ayudo en nada...
Pero cada vez q siento q estoy por tocar fondo vuelvo a acudir a uno...sera q aun conservo un minimo de esperanzas...no lo se...
Solo se q estoy mal...q mi vida es una mierda...y tengo q ponerle fin a esto...asi q solo tengo 2 opciones: suicidarme o volver a acudir a un psicologo...
La resignacion ya la intente pero fue en vano...no pude acostumbrarme a vivir asi...
Me di cuenta de q mi vida esta limitada en diversos aspectos...(no quiero entrar en detalles porq lo considero demasiado vergonzoso)...bah...en realidad eso ya lo sabia (no es algo q descubri ahora)...pero tal vez no me preocupaba demasiado...nose...
El solo pensar q tengo q contarle toda mi vida a un tipo...de nuevo...desde q naci hasta ahora...me pone de la cabeza...sobre todo porq se q de nada me va a servir...y a medida q vayan pasando los meses voy a sentir q una vez mas estoy perdiendo mi tiempo...
Pero bueno...lo soportare hasta q tenga las hagallas suficientes para terminar con mi maldita existencia...
NADA MAS...
La verdad es q yo no creo en los psicologos ya q he ido a diferentes terapeutas a lo largo de mi vida y ninguno me ayudo en nada...
Pero cada vez q siento q estoy por tocar fondo vuelvo a acudir a uno...sera q aun conservo un minimo de esperanzas...no lo se...
Solo se q estoy mal...q mi vida es una mierda...y tengo q ponerle fin a esto...asi q solo tengo 2 opciones: suicidarme o volver a acudir a un psicologo...
La resignacion ya la intente pero fue en vano...no pude acostumbrarme a vivir asi...
Me di cuenta de q mi vida esta limitada en diversos aspectos...(no quiero entrar en detalles porq lo considero demasiado vergonzoso)...bah...en realidad eso ya lo sabia (no es algo q descubri ahora)...pero tal vez no me preocupaba demasiado...nose...
El solo pensar q tengo q contarle toda mi vida a un tipo...de nuevo...desde q naci hasta ahora...me pone de la cabeza...sobre todo porq se q de nada me va a servir...y a medida q vayan pasando los meses voy a sentir q una vez mas estoy perdiendo mi tiempo...
Pero bueno...lo soportare hasta q tenga las hagallas suficientes para terminar con mi maldita existencia...
NADA MAS...
jueves, octubre 14, 2004
Nací para ser el hazme reír de todos...
Estoy harta de q la gente me discrimine, se ría a mis espaldas, se burle de mí...
Durante mi infancia siempre me sentí una infeliz, una niña q quería crecer para no ser más el centro de cargadas, para eliminar el dolor q otros me generaron. Temía ir al colegio porq sabía q allí se mofarían de mí, porq cada palabra q alguien decía estaba destinada a mi persona.
Me hacían la vida imposible. ¿Qué mierda les había hecho para que me trataran así? Durante todo ese tiempo fui una estúpida a
merced de esa crueldad... esa gente despertó en mí el odio... aunque yo no reaccionaba, hubiese sido inútil hacerlo, eran todos contra una pobre chica q no tenía a nadie... por lo tanto jugué el papel de idiota, aunque tenía mis sueños para refugiarme...(siempre soñé con ser todo lo q no soy...una persona famosa, admirada, respetada, deseada, temida...la realidad ha sido siempre mi enemiga)
Mientras estaba en el secundario pensaba...'tranquila, en unos años no los ves más...y se termina todo' pero no fue así...hoy por hoy me sucede lo mismo...
Me he dado cuenta de q en todo momento, en todo lugar...la gente me trata del mismo modo...
Debo llevar un estigma...
Lo peor es q nose q hacer para q los otros me respeten...no puedo defenderme...simplemente no puedo...me siento incapaz...
Me gustaría tener un arma para amenazarlos a todos...para q me pidan perdón de rodillas...para q rueguen por un poco de mi piedad...
...LOS MATARIA A TODOS...UNO POR UNO...Y DE LA MANERA MAS CRUEL Y DOLOROSA...
LOS ODIO...SIMPLEMENTE LOS ODIO...
Durante mi infancia siempre me sentí una infeliz, una niña q quería crecer para no ser más el centro de cargadas, para eliminar el dolor q otros me generaron. Temía ir al colegio porq sabía q allí se mofarían de mí, porq cada palabra q alguien decía estaba destinada a mi persona.
Me hacían la vida imposible. ¿Qué mierda les había hecho para que me trataran así? Durante todo ese tiempo fui una estúpida a
merced de esa crueldad... esa gente despertó en mí el odio... aunque yo no reaccionaba, hubiese sido inútil hacerlo, eran todos contra una pobre chica q no tenía a nadie... por lo tanto jugué el papel de idiota, aunque tenía mis sueños para refugiarme...(siempre soñé con ser todo lo q no soy...una persona famosa, admirada, respetada, deseada, temida...la realidad ha sido siempre mi enemiga)
Mientras estaba en el secundario pensaba...'tranquila, en unos años no los ves más...y se termina todo' pero no fue así...hoy por hoy me sucede lo mismo...
Me he dado cuenta de q en todo momento, en todo lugar...la gente me trata del mismo modo...
Debo llevar un estigma...
Lo peor es q nose q hacer para q los otros me respeten...no puedo defenderme...simplemente no puedo...me siento incapaz...
Me gustaría tener un arma para amenazarlos a todos...para q me pidan perdón de rodillas...para q rueguen por un poco de mi piedad...
...LOS MATARIA A TODOS...UNO POR UNO...Y DE LA MANERA MAS CRUEL Y DOLOROSA...
LOS ODIO...SIMPLEMENTE LOS ODIO...
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